¿Nadie se dio cuenta?
Por Javier Solórzano Zinser
La llamada 4T sigue buscando en el pasado sus responsabilidades del presente. A menudo se sigue asumiendo más como oposición que como gobierno.
Esto le permite moverse en territorio con una narrativa efectiva, pero esto también la coloca ajena a sus responsabilidades. El espacio ideal del gobierno y sus aliados está en territorio, es ahí donde han ganado sus batallas más importantes. Sin embargo, no hay manera de darle vuelta: ocho años en el poder significa que son quienes atienden la ventanilla única.
El gobierno sigue teniendo un control estratégico de la narrativa. A pesar de ello, ha ido perdiendo espacios porque se ha enfrentado a un desgaste, al tiempo que a una errática gobernabilidad. La constante sigue siendo buscar en otros los problemas propios.
Hasta ahora no hay indicios de que estén viendo la crisis del INE como parte de sus estrategias o que tengan algo que ver con ellos. Señalar a Lorenzo Córdova resulta ser un elemento distractor para tratar de suavizar los golpes que vienen contra la gestión de Guadalupe Taddei.
Con la información que se tiene, se sabe que Lorenzo Córdova presentó a su salida un informe detallado, el cual fue avalado por la Contraloría y la Auditoría. Si hubiera existido alguna irregularidad la ahora expresidenta estaba en la obligación de denunciarlo.
La Auditoría presenta sus informes con un año inevitable de retraso. Que se sepa, no presentó ningún tipo de reporte en que se señalara a Lorenzo Córdova. Al maestro universitario lo tienen en la mira, porque López Obrador lo señaló en innumerables ocasiones por razones que pasaban más por diferencias respecto a los mecanismos para atacar los problemas en el instituto y porque era crítico a las observaciones del tabasqueño, quien quería dirigir el Instituto desde Palacio Nacional. Si Lorenzo Córdova no dejó cuentas claras, desde hace tiempo se le debió investigar, no en la coyuntura de una crisis en el INE.
Si bien Taddei llegó a través de una tómbola, porque no se alcanzaron acuerdos entre los partidos, al final sus antecedentes la hacían un personaje afín al oficialismo.
El oficialismo está tratando de apoderarse de la narrativa en torno al INE. Empiezan a surgir críticas en que se asegura que cuesta mucho trabajo cambiar al instituto después de 40 años. Negar el valor del INE no tiene sentido. Muchas cosas fueron cuestionables respecto a procesos electorales, pero en muchas también quedó muy claro que no fue la gestión del Instituto la que determinó los procesos.
La paradoja de la crisis es que es al mismo tiempo una oportunidad. Es el momento de encontrar un consenso entre todas las fuerzas políticas buscando personajes que tengan una reputación y capacidad para presidir el Instituto. No tiene mucho sentido que el oficialismo se enconche para que al final termine por repetir los mismos errores.
Es cierto que en algún sentido lo que está pasando es un revés para la 4T. Lo importante es lo que termina haciendo con el nuevo escenario. Nadie estuvo atento a lo que estaba pasando en el Instituto y las irregularidades derivadas de su presidencia. Si se tenía información de lo que estaba haciendo Guadalupe Taddei, la pregunta es por qué no hicieron nada, lo que incluye a consejeros cercanos a la 4T, los cuales no pueden plantear ahora que no sabían, todo pasaba ante sus ojos.
Es cierto que la ausencia de una oposición fuerte le permite al oficialismo moverse a sus anchas, lo más grave es que en medio de la falta de equilibrios no existe la crítica y la piel ante ella va siendo cada vez más sensible, lo que lleva por los rumbos de la intransigencia.
No andamos viendo el vaso medio lleno, pero como están las cosas ojalá la crisis sea la oportunidad.
RESQUICIOS.
No se trata de que cada vez que se mencione a alguien como presunto responsable de algún delito se le tenga que investigar. Lo que pasa es que hay algunos que han sido mencionados una y otra vez y lo único que hacen es salir en su defensa.