Quebradero

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En el olvido

 

Por Javier Solórzano Zinser

Para las y los sinaloenses, la visita del fin de semana de la Presidenta a su estado no necesariamente fue como la esperaban.

Después de que hace dos domingos numerosos contingentes de ciudadanos salieron a las calles para manifestarse por la paz en Culiacán, algunos de los organizadores pertenecientes a buena parte de los sectores que componen la sociedad sinaloense buscaron la manera de tener un encuentro con la mandataria por mínimo que fuera, con motivo de su visita ocho días después.

No se hizo ni una sola referencia a lo que han sufrido los sinaloenses a lo largo de más de dos años. Todo se concentró de nuevo en el tema de la injerencia en una referencia, presumimos, a la forma en que se secuestró a El Mayo Zambada, en lo cual, por cierto, de alguna manera estaba involucrado el gobernador todavía con licencia, al que tanto se le defiende.

En la visita presidencial parecía más bien un acto de campaña. Las referencias a la injerencia extranjera como eje de la violencia de más de dos años que lleva viviendo en Culiacán para muchos estaban fuera de lugar.

A lo largo de este tiempo los ciudadanos se la han pasado en vilo. Casi no salen a la calle, se han perdido una buena cantidad de empleos, se han tenido que cerrar negocios, no hay manera de explicarle a los niños lo que está pasando, los jóvenes han entrado en el terrible dilema de dejar a su familia o integrarse a la delincuencia organizada, la cual se la pasa presionándolos para que sean parte de las organizaciones criminales, a todo esto, sumemos el gran número de personas desaparecidas.

Las mujeres no pueden salir a las calles para hacer su vida. Los gobiernos son impotentes e incapaces para ofrecerle a los ciudadanos condiciones mínimas de convivencia y poder ofrecer tranquilidad y paz cotidiana.

Las y los sinaloenses interpretan de muchas maneras lo que quiso decir la Presidenta. Sin embargo, consideran un desdén, el hecho de que no se haya hecho referencia a lo que han vivido estos dos años, como si la injerencia extranjera lo hubiera provocado.

La situación en Sinaloa y otros estados muestra una descomposición política y social que tiene que ver con nosotros los mexicanos. La corrupción pasa por lo que hacemos y no hacemos. Tiene que ver con la complicidad entre los cárteles y los gobiernos, No se soslaya la relación que guardan estas organizaciones con otras en EU y, particularmente, el tráfico de armas y el consumo de drogas, pero el verdadero problema, en cuanto a la producción y el manejo del tráfico de la droga está de este lado.

Las referencias a la injerencia y soberanía no deben ser un elemento para eludir las responsabilidades propias. El hecho que la Presidenta no haya hecho referencias a lo que ha sufrido la población sinaloense fue un mal indicador que caló entre muchos de sus habitantes. Era una oportunidad para la reconciliación, porque los ciudadanos se sienten materialmente olvidados por el Gobierno federal, el gobierno estatal es un mal necesario.

Bajo las actuales condiciones en que se encuentra la relación de México con el Gobierno de Trump, sobran razones para que de manera sistemática se hagan referencias sobre la importancia estratégica que tiene la soberanía y la defensa de los intereses del país.

Sin embargo, los más de dos años de brutal violencia en Sinaloa bien merecían referencias y solidaridad. La Presidenta debiera saber qué se piensa en el estado sobre su visita, porque más allá de los acarreos y la euforia de los militantes de su partido, aunque se fueron antes de que terminara su discurso, muchos otros ciudadanos se quedaron en la desesperanza que han estado viviendo.

En el olvido en el que están y se sienten.

RESQUICIOS.

Después de que Trump nos atizó en la ONU con aquello de que México es el epicentro del narcotráfico, pasó a decir que lleva una excelente relación con el Gobierno de México; le digo soba y luego pega, o pega y luego soba.