El entuerto con Trump
Por Javier Solórzano Zinser
Podrá ser sujeto de críticas la Presidenta, pero en lo que sale bien librada es en la forma en que ha llevado la relación con un personaje complicado, impulsivo y autoritario como es Donald Trump.
No ha sido fácil sortear las críticas e hirientes opiniones del presidente. Se ha manejado bajo la “cabeza fría” en donde la inseguridad, el narcotráfico y los temas económicos de la relación bilateral en ocasiones han sido y son un dolor de cabeza.
Resulta complicado mantener una actitud prudente, pausada y firme, ante un personaje provocador que sistemáticamente termina con frases mediáticas “apetitosas” para las redes y los medios.
Esta semana, además de todas sus referencias sobre México en la reunión del G7, reiteró que el país es manejado por el narco, para finalizar con sarcasmo e ironía, “es triste”. Ayer decíamos que podía estar empezando a soltar las manos, ya que podría haber una tregua o algo parecido, producto del documento que se firmaría este día conocido como “Memorándum de Entendimiento”. Si nos mantenemos a lo que se conoce sobre el texto, EU e Irán van a pasar 60 días en discusiones sobre cómo instrumentar la anhelada paz. En su radar muy probablemente ahora sí ya aparezcan a plenitud Cuba y México.
Quizá la Presidenta se salió del guion con Trump con su discurso del Monumento a la Revolución. Presumimos que había algún motivo para hacerlo. No somos de la idea que haya dado resultado, porque Trump se mueve bajo su propia dinámica, a menudo le importa poco o nada lo que digan de él.
La carta de López Obrador sirvió en este sentido de poco o nada, por más que la Presidenta la haya agradecido. Lo que pudo provocar es más bien una molestia y cuestionamientos en ciertos niveles del Gobierno estadounidense. Muy probablemente Trump la consignó, pero ya la pasó de largo y algún día aparecerá en alguna referencia de sus mediáticos discursos.
La Presidenta ha sabido manejar la relación. Ha sabido atemperar los ánimos. Tiene razón cuando dice que no hay que engancharse. Esto viene a cuento por las lamentables expresiones de una parienta de López Obrador sobre el presidente de EU. La propia Presidenta tuvo que salir a llamar la atención sobre lo dicho por la “prima”.
Lo que no ha hecho la Presidenta es integrar al país en este asunto. A lo que se ha abocado es a responder sensiblemente, sin pasar por alto que seguramente en muchas ocasiones habrá tenido que tragarse sus respuestas.
No ha buscado, o quizá no le interesa, lanzar convocatorias nacionales para sumar a la sociedad en un asunto que puede terminar por ser profundamente delicado.
Si Trump toma decisiones radicales respecto a quienes presumiblemente desde las altas esferas de la política mexicana pudieran estar relacionados con la delincuencia organizada, las consecuencias y secuelas serían de largo alcance.
No está claro qué viene, pero de que hay algo, no hay duda. Trump en ciertos asuntos no baja la guardia, gane o pierda, se sabe que si es esto último termina por pasar arrebata.
Sigue siendo cuestionable la forma en que la Presidenta se ha abocado a defender a las ocho personas que han sido acusadas de nexos con los narcotraficantes. A pesar de que se insista en que no hay indicios de la relación de los personajes con la delincuencia organizada, no hay cómo entender la forma en que se movía y mueve el narco en el estado.
La Presidenta ha logrado atemperar el entuerto. Vendrán días en que tendrá que tomar decisiones que podrían afectar seriamente a su gobierno y a su partido. Para lo que viene, lo conveniente y estratégico sería una convocatoria nacional. En este entuerto, a pesar de las irregularidades que haya, estamos todos.
RESQUICIOS.
El rey de España se dará una vuelta por la CDMX para visitar en Palacio Nacional a la Presidenta. Lo hará antes de ir al muy atractivo España-Uruguay. Parece que por fin podremos pasar la página de un debate que se pudo llevar por otros derroteros, bajo un entendernos y ganar.