De aliados a no saber qué hacer con ellos
Por Javier Solórzano Zinser
La CNTE conoce bien el camino para presionar, confrontar, exigir y sacar dividendos. No es la primera vez, pero sí es la primera vez que lo hace ante quien se supondría es su aliado natural.
El Mundial es el detonador. No se deben olvidar los antecedentes del conflicto. En los afanes electorales tanto López Obrador como la Presidenta le ofrecieron a la Coordinadora muchas cosas, las cuales eran realmente difíciles de concretar.
En medio de discursos fáciles en que las exigencias las convirtieron en promesas de campaña, los maestros lo que hicieron fue anotar lo que pidieron y les prometieron, llevan dos años buscando la manera de que se los hagan valer.
La CNTE conoce el camino y tiene una estructura interna que le permite una cohesión que lleva a que las decisiones se tomen de manera estructural, sin pasar por alto que en muchas ocasiones existen presiones internas a maestras y maestros, a quienes no les queda de otra que acatar lo que se impone. Como fuere, la Coordinadora se mueve de manera autónoma y si bien puede recibir “apoyos” son ellos quienes deciden.
El Gobierno lleva varios días intentando cambiar la narrativa. Hace algunos meses, por ningún motivo se hubiera planteado que hay provocadores, quieren represión para que en el camino la derecha se vea “beneficiada”, a lo que se suma lo de ayer en la mañanera: hablaron por primera vez de la pérdida de clase de 1.4 millones de estudiantes.
Pareciera que el Gobierno descubrió apenas a quien tiene enfrente. No hay que darle muchas vueltas, por más que haya habido en el pasado reciente una identidad entre estos presuntos aliados, lo cual llevó a promesas y votos, el Gobierno sabe con quién estaba negociando y, sobre todo, conocía bien que la CNTE lleva sus demandas hasta las últimas consecuencias.
Lo que está pasando ahora tiene que ver con promesas no cumplidas. Es cierto que aceptar las exigencias de la CNTE metería al país en graves dificultades. El Gobierno tuvo mucho tiempo para tratar de cerrar el camino y buscar alternativas. Hablando con dirigentes de la Coordinadora, nos decían que de nada servían las reuniones por más que cada dos o tres días se llevaran a cabo.
La interlocución con el titular de la SEP se diluyó y ya no lo encuentran como un personaje con quien hablar para resolver los problemas. Han entrado en el terreno en que su único interlocutor válido es la Presidenta a quien no le da por reunirse con organizaciones como la Coordinadora, los colectivos de madres buscadoras y cualquier ONG.
Con quien se ha reunido es con los familiares de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala. Habrá que ver qué sucede ahora con ellos, siendo que en uno de los camiones en que se dirigían a apoyar a la Coordinadora se encontraron 59 artefactos explosivos.
Por más que la Presidenta haya sido ayer cautelosa el mensaje fue claro, en medio de todo lo que está pasando, hay provocadores y violencia.
Una cosa es la represión y otra, la fuerza del Estado. El Gobierno tiene que replantearse su estrategia. No se ve cómo pueda haber un arreglo en función de las exigencias de la Coordinadora, las cuales siguen siendo las mismas desde hace dos años.
El problema a estas alturas no sólo es lo que pueda pasar con el Mundial. La cuestión es que, si hubiera algún arreglo, a billetazos o sin ellos, la pregunta es qué va a pasar después del evento. Por historia y por lo que se ha visto hasta ahora, no hay garantía de nada.
Los grandes aliados que eran signo de identidad como uno de los elementos que hace a la 4T, “no somos como los de antes”, resulta que ya no lo son y ahora ya no saben qué hacer con ellos.
RESQUICIOS.
No hay manera de esconder nuestros problemas, porque están a la vista. Lo importante es que en medio de todo esto, los 15 partidos del Mundial en México se pueden desarrollar de la mejor manera. Lo que pasa en la cancha es otra cosa, y ahí suele acompañarnos la esperanza más que la realidad.