Quebradero

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2027 y 2030

 

 

Por Javier Solórzano Zinser

No vemos cómo Morena pueda perder la mayoría el año que entra y la Presidencia en 2030. Son muchas las razones que hay detrás de ello, por más que haya una crítica creciente en contra de la 4T.

El principal adversario del movimiento es el movimiento. A menudo caminan con soberbia, porque saben que han avanzado y siguen avanzando.

En retrospectiva es importante no perder de vista que Morena es un partido relativamente joven. Su primera incursión electoral fue en 2015, y desde ese año no ha dejado de crecer. El dilema es si en el 2027 se podrá mantener esta misma tendencia. Si nos atenemos a las encuestas que, ciertamente están lejos de la elección, todo indica que podría mantener los mismos números, más-menos que tiene ahora.

El electorado tiende a ser voluble. Sin embargo, en el caso de Morena ha mantenido una fidelidad que se alcanza a apreciar en los votos, en las movilizaciones además de un sistemático apoyo popular que se le otorga a todo lo que tiene que ver con el partido y su eje que es la Presidenta.

La soberbia también acompaña a Morena y al gobierno porque les queda claro que enfrente no tienen una oposición que pudiera desestabilizarlos. La presunción de lo que viene coloca triunfos de la oposición quizá en algunas gubernaturas, curules en Diputados, presidencias municipales, pero en general, viendo el panorama no se ve por dónde Morena tenga que preocuparse por algo extremo.

En el fondo es algo que le permite moverse a sus anchas, pero también es un elemento que no le permite verse a sí mismo. El gobierno y su partido presumen de algo que en la práctica no ejercen, la autocrítica. Aseguran que esto es lo que los ha llevado a mantenerse en el poder, pero en la práctica están lejos de verse a sí mismos. En donde sí están a menudo es en una lucha intestina que es lo único que les tiene con focos rojos.

Todo lo que haga la oposición lo pasan de largo. Responden, porque no se permiten dejar la plaza vacía, pero se vuelven reactivos más que activos ante una oposición que, por ahora, es difícil considerar como fuerza política alternativa.

No la consideran por ningún motivo un interlocutor válido, tan es así que la Presidenta en muy pocas ocasiones se refiere a ella, más bien opta por arremeter contra la prensa, muy a la manera de su otro yo, López Obrador.

Lo que importa en el Gobierno y Morena es el movimiento de los grupos o tribus, y cómo enfrentar las divisiones internas y los intentos de hegemonía partidista con perspectiva del futuro. Morena tiene a su Presidenta como eje y centro de su política. No tenemos recuerdo de que una circunstancia como está se hubiera presentado en los tiempos del PRI, en donde existía una concentración del poder de régimen único.

En los últimos años, la pluralidad se ha ido diluyendo para dar paso al control de las instituciones después de que, durante años con todas las adversidades y errores que se hayan cometido, el país se movió bajo rangos democráticos que provocaron en la sociedad un reconocimiento y una mayor participación colectiva.

En los últimos días en Morena se han abocado a defender todo lo que tiene que ver con la Presidenta. Parece que los recientes movimientos tanto en el Gobierno como en el partido, le están permitiendo a la mandataria una mayor capacidad de maniobra y, sobre todo, una fuerza que en muchas ocasiones algunos en el partido menosprecian.

El presente-futuro no augura pluralidad. Vamos a una mayor concentración del poder. Podrán pasar muchas cosas escandalosas, pero en la narrativa oficial se van integrando a la cotidianidad ante lo que el ciudadano en sus preocupaciones particulares coloca todo esto quizá como parte de la vida del país; estamos en las cercanías de perder nuestra capacidad de asombro.

RESQUICIOS.

Lo dijo el ingeniero: “Sería bueno que las autoridades le dieran una reestudiadita al registro de celulares; nos prometieron la televisión de paga, y no nos la dieron”; la calificación de Moody´s es “irracional”.