Por Jesús Castañeda Nevárez
Los “dichos populares” son expresiones breves que la gente usa para transmitir la experiencia colectiva, enseñanzas, consejos, advertencias o formas de entender la vida cotidiana que de esa forma se transmite de generación en generación.
“Más vale tarde que nunca”, “El que mucho abarca, poco aprieta”, “No por mucho madrugar amanece más temprano” son algunos de los más citados y que en lenguaje sencillo contienen un concepto práctico o moral.
Pero también en las expresiones populares se refleja el juicio de la gente, explicado con sabiduría simple, sencilla, básica, sin tanto rollo rebuscado, que expresa lo que el pueblo ve y que a su juicio y manera de conclusión expone.
Y aquí viene uno que dice: “Sacristán que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la sacaría, si no es de la Sacristía?”, obviamente el aludido sacristán se defenderá y en su defensa el clero exigirá ¡pruebas, pruebas, pruebas!
Pero el pueblo bueno ya las tiene, las había visto desde “endenantes” y su conclusión ya no tiene lugar a dudas.
Otro dicho dice que “el amor, el dinero y lo tarugo no se pueden esconder” y menos si hay quien se embriaga con las 3 características, lo cual no es extraño y menos cuando sucede bajo una circunstancia de cambio de gobierno, como pasó en el 2018.
Llegaron a Veracruz caras nuevas y otras no tan nuevas, en las que se notaba un entusiasmo, opacado por la sencillez de su aspecto, lo que pudiera traducirse en que venían “con una mano atrás y otra adelante”.
Antes de terminar el 2º año de gobierno ya eran millonarios y no lo escondían pues parecía que deseaban ser admirados. Y si seguramente alguien osara insinuar de posibles actos de corrupción, el Estado dirá: ¡pruebas, pruebas, pruebas! Aunque bastaría que revisaran la Declaración Patrimonial de esos atarantados, para descubrir que, cual Noroña, antes vivían en condiciones precarias.
Historias de políticos exitosos abundan; políticos de carrera que son millonarios y que no hay forma de justificar con su salario los bienes que han adquirido y el estilo de vida que presumen sin rubor. No hacen falta las ¡pruebas!
Porque la corrupción no la pueden esconder; traen la boca embarrada de pastel y afirman que ellos no se lo comieron y todavía exigen que el pueblo se lo demuestre. Porka Miseria.