Quebradero

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Tres a ti y tres a mí

 

 Por Javier Solórzano Zinser

El Mundial de Argentina 78 fue un brutal golpe más de realidad para el futbol mexicano. Se hicieron de nuevo cuentas alegres, que al final toparon con la terca realidad de un futbol que vivía de la esperanza.

José Antonio Roca fue el entrenador de un equipo que parecía competitivo. Había calificado a Argentina en una eliminatoria en la cual no había manera de perder. Se jugó un torneo en México, en el que estuvieron dadas las condiciones para que la selección calificara, como diría aquél, casi caminando.

La base del equipo era el América, que había deslumbrado en el futbol nuestro de los 70. El América de Roca estuvo formado por jóvenes que venían de las mismas fuerzas básicas del América, de la afamada Liga Española y por un jugador excepcional, Carlos Reynoso.

A esto se sumó una generación de futbolistas jóvenes encabezados por Hugo Sánchez, que hacían imaginar un equipo competitivo de jóvenes y veteranos. Al final nadie pudo dar la cara, sin duda que lo intentaron

En torno al equipo se desarrolló una estrategia comercial que tuvo un enorme éxito. La empresa Levi’s se encargó de hacer los uniformes, que fueron elegantes y atractivos. Los jugadores se paseaban con las firmas comerciales en los medios, anunciando todo tipo de productos, lo que los llevó a querer o no a fortalecer la esperanza.

Es recordada la portada de la revista Proceso en la que se veía a José Antonio Roca haciendo su boleta de pronósticos deportivos. Colocaba triunfos sobre Túnez y Polonia y un empate contra Alemania.

La televisión estaba materialmente desatada. El bombardeo comercial auguraba que la selección tuviera una participación con tintes de lo inolvidable. El pasado reciente del Tri había sido patético. Después de organizar el Mundial del 70, la selección participó en la eliminatoria para el Mundial 74 de Alemania en Haití. La eliminación fue lamentable. Se buscaron pretextos y se atrevieron a decir que les habían hecho vudú a los jugadores.

El Mundial de 78 era la posibilidad de la reivindicación. Nada de eso pasó. Túnez nos metió 3-1 en el primer partido, lo que nos vino a mostrar lo que se venía. Los jugadores mexicanos entraron a la cancha con una soberbia siempre cuestionable, que se fue perdiendo a lo largo del partido, narrado de manera sarcástica y precisa por el inolvidable Ángel Fernández.

El 3-1 fue el inicio. Alemania, en menos de 20 minutos nos tenía en la lona. Al final le metió seis al Tri, lo que provocó divertida leyenda urbana. Pilar Reyes fue el portero en el primer tiempo y le metieron tres, hacia el final de la primera parte salió lesionado. Pedro Soto entró en el segundo tiempo y le metieron otros tres. Cuentan que Pilar Reyes le preguntó en el vestidor al final del juego a Pedro Soto cuánto habían quedado, y éste le respondió: “empatamos, tres a ti y tres a mí”.

El partido final contra Polonia fue el colofón del desastre. Un muy buen equipo polaco le metió tres a uno a México. El regreso a México se convirtió en una pesadilla más. Se colocó el avión lejos de la terminal porque la gente estaba enfurecida y se temía que los jugadores fueran linchados. Sin embargo, José Antonio Roca, quien era un muy buen personaje, dio la cara tratando de explicar lo inexplicable.

Muchos de los jugadores que fueron al Mundial superaron la pesadilla. Algunos, a pesar de haber sido agredidos, como fue el caso de Toño de La Torre, a quien no atendían en los supermercados, lograron mantenerse en el futbol; la experiencia les dejó dolorosas enseñanzas que lograron revertir.

El Mundial en Argentina fue utilizado perversamente por el gobierno militar de Argentina. Fue una fiesta, a pesar de ello, que logró superar durante un mes el autoritarismo y represión. Fue el momento en que Argentina demostró que, además de ser un equipo que peleaba cada centímetro de la cancha, jugaba divertidamente al futbol.

Para nosotros fue la enésima ruptura de la esperanza futbolera, que nos llevó al último lugar del torneo.