Por Uriel Flores Aguayo
Los medios de comunicación contienen notas, reportajes y columnas varias entre otros elementos que le dan forma. Cada cual se presenta conforme a su línea y capacidad. En tiempos del internet la información circula en tiempo real y cualquier celular que registre fotos y videos hace prescindir de instalaciones formales. La inmediatez sacrifica en algo a la calidad.
Entre las columnas de opinión las mayoritarias tienen que ver con la política. Aunque algunas son más informativas, defecto, al menos llevan la opinión del periodista o escribiente. Una columna de opinión supone un análisis político, en ese sentido sus autores son analistas políticos. Siendo entendible su opinión personal se espera mayor nivel en su análisis. Por tanto, deberían ser los más informados y contar con alguna capacidad extra para su examen de hechos, procesos y personas.
En la abundante cantidad de columnas solo importan las que tengan más calidad. No contribuyen mucho al análisis si se vuelven informativas, si son parciales, si especulan o inventan. Nada es más nocivo en la información que la recurrente proclividad a las teorías conspirativas. La propaganda gubernamental o partidista disfrazada de columna es una tomadura de pelo a los lectores.
Los buenos columnistas políticos son, a la vez, mejores analistas. Llegan a convertirse en líderes de opinión. Requieren para ascender en esa actividad de un aceptable nivel cultural, formación académica o empírica con rigor, actualización, información amplia y un elevado nivel intelectual. Sus análisis pueden dar luz a sus lectores, ciudadanos, sobre la coyuntura política y orientar tanto opiniones como acciones sociales.
Es deseable que los políticos escriban, casi no lo hacen; ya sea por ignorancia o por su apego a las disciplinas partidistas y gubernamentales. Prefieren no comprometerse. Nunca sabemos lo que piensan realmente, concediendo que algo piensan. Tienen, en general, una deuda con la expresión de ideas y la conversación pública. Sin eso nuestra vida pública es pobre y debilita a la democracia.
Xalapa tiene un buen nivel periodístico, incluido sus columnistas políticos. Muchos sobresalen entre un mar de propaganda y conformismo. Es de reconocerse a quienes mantienen su independencia y ofrecen análisis serios y constructivos. No confundir postura crítica con sensacionalismo y ataques personales. Eso es otra cosa. Un buen análisis despliega el examen de los hechos y las personas para explicar y orientar. Puede ser crítico o no. El amarillismo es tan menor como el palerismo. Un verdadero analista político no debe ser incondicional de nada ni nadie. En el fondo sirve a la sociedad.
Recadito: hacer más y mejor por Xalapa.