Pensamiento superficial, simplista, reduccionista 

Share

Por Francisco Montfort Guillén

“Una cosa es ser un vasallo feliz; otra es ser un esclavo miserable. Demasiadas líneas rojas han sido cruzadas. Si reculamos ahora, perderemos la dignidad, lo que probablemente es lo más importante en una democracia”. Estas son las palabras de Bart de Wever, primer ministro belga, calificado de ultraderechista, en el mismo grupo de Giorgia Meloni, primer ministro italiano. Alineados con este punto de vista están personajes de la misma orientación ideológica como Marine Le Pen y Jordan Bardella del Reagrupamiento Nacional Francés o Alice Weidel del SfD en Alemania. Por su parte, Donald Tusk, el primer ministro de Polonia, aseguró: “El apaciguamiento siempre es señal de debilidad. Europa no puede permitirse la debilidad, ni ante sus enemigos ni ante sus aliados. El apaciguamiento no produce resultados, solo humillación” (El País, Andrea Rizzi/Silvia Ayuso, “La oposición global al desafío de Trump cobra impulso”, 25 de enero de 2026).

Estas declaraciones van redefiniendo la postura de la Unión Europea frente a las acciones y declaraciones de Donald Trump. Además de estar por firmar un tratado de libre comercio con la India, dando señales de autonomía de gestión, en el mismo sentido que Canadá, China, Brasil. Se ha criticado la pasividad relativa de la Unión Europea frente a los disturbios internacionales causados por Donald Trump. Se olvida que son los europeos quienes tienen más experiencia en estos asuntos internacionales, después de haber protagonizado dos guerras mundiales. Macron afirma: “Preferimos el respeto a los matones; la ciencia al conspiracionismo; el Estado de derecho a la brutalidad” (El País, ibid.)

Pero tampoco se ha mencionado un dato fundamental que dio origen a la Unión Europea. Los países que la conforman acusaron recibo de dos hechos sociológicos fundamentales. Hacia mediados del siglo pasado, todas las naciones europeas, las ganadoras y perdedoras, constituían un entramado fragmentado de sociedades y economías pequeñas. La realidad sociológica de los dos nuevos imperios dominantes postguerra mundial (USA/URSS) cuenta así mismo, con grandes territorios, unas fuerzas armadas grandes y propias y una población igualmente numerosa que se traduce en un mercado interno grande y potente (y ahora, la nueva potencia, China, tiene las mismas características).

A las ex potencias europeas no les quedaba otro camino para hacer frente a esas realidades que unir sus esfuerzos, y el resultado fue la creación de la Unión Europea, que en su desarrollo extravió algunos de sus propósitos originales. Contar con un enorme y potente mercado interno, unas fuerzas armadas propias y no depender exclusivamente de la OTAN, que era y es dominada por los Estados Unidos. También aflojaron sus esfuerzos en conseguir la mutación del capitalismo que transitó del dominio de las manufacturas al predominio de las tecno facturas (robótica y miniaturización) y de los servicios, sobre todo en información/ comunicación, anclados en dos bases igualmente dejadas de lado: uno, la creación masiva de mujeres y hombres con altas capacidades tecnocientíficas y humanísticas y, dos, la intensa creatividad y renovación permanente del complejo ciencia/tecnología/modo de producción.

Mark Carney, el primer ministro canadiense, evoca a los clásicos griegos y al checo Vaclav Havel al mencionar en su discurso el poder de los sin poder, a las potencias medias que, por separado, son presa fácil de los poderosos (Trump, Putin. XI Ji Ping), pero unidos pueden no sólo oponer resistencia a sus arbitrariedades, sino alcanzar a ser copartícipes del diseño de nuevas reglas y acuerdos para la nueva globalización.

Poco a poco se aclara el panorama frente a los líderes políticos, empresarios y opinadores que se apresuran a dar por muerta la globalización y el triunfo de Trump. Y no es que se defienda el actual proceso de mundialización per se, y sólo de manera personal y a través de la política. Es que en el fondo son muchos los que reconocen que dicho proceso que se ha venido construyendo a escala del mundo no obedece simplemente al voluntarismo individual de ciertos líderes y con ciertas ideologías. Sino que reconocen que este proceso de interdependencia entre naciones obedece a necesidades específicas y especiales del capital, es decir de la economía, es decir de las sociedades en esta etapa histórica.

Que dicha dependencia mutua entre grandes y pequeñas naciones requiere de ajustes, de nuevas visiones, de nuevos acuerdos, salta a la vista. Pero no se puede dar marcha atrás, de manera unilateral como lo pretende Trump, a las exigencias de reproducción del capital y de las ganancias, de los reclamos de muchas naciones ante las desigualdades sociales resultantes y frente a los todavía grandes desafíos de reducción de las poblaciones marginadas de su incorporación, precisamente, a esas economías interdependientes, que han logrado reducir los niveles de pobreza de millones de personas, como nunca en la historia de la humanidad.

Desde luego que es importante estudiar, entender y criticar la personalidad y las actitudes y acciones de D. Trump para combatir sus excesos. En México, Jesús Silva-Herzog Márquez ha hecho un excelente retrato de las actitudes, conductas y personalidad de este presidente norteamericano. Por su parte, David Brooks, en The New York Times escribió un ensayo inteligente sobre <<El colapso de Trump>> en donde señala cuatro “desmoronamientos” de la sociedad mundial que pueden conducirnos a un colapso. El primer desmoronamiento que señala es el del orden mundial de la posguerra. El resto son de orden interno de los USA: uno, referido al fin de la tranquilidad social principalmente, por las acciones del ICE. Otro concierne al duro ataque a la antes ejemplar democracia estadunidense, ejemplificando con los ataques a la autonomía de la Reserva Federal. Finalmente, y para el autor el más importante, se centra en el desmoronamiento de la mente del excéntrico personaje, debido a su narcisismo. Sus efectos, de acuerdo con Brooks, son “la grandiosidad, la prepotencia, la falta de empatía y una reacción feroz ante cualquier desaire percibido” (“El abismo de la autocracia: David Brooks analiza el declive de la era Trump”, AGENDAMEX, Xalapa, 01/24/2026).

Resulta evidente que únicamente a través de la organización entre los países o naciones de economías medias será posible participar con voz y voto en el rediseño del nuevo orden mundial que surgirá después de los desastres provocados por D: Trump. Aquí se hace evidente la estupidez de la llamada 4T que se ha aislado de las grandes naciones, de los foros internacionales y se ha refugiado en alianzas con países autoritarios, dictaduras sin ningún relieve internacional. En la negociación del TECMEC ni siquiera contará con un respaldo decidido por parte de Canadá.

Existe otro aspecto que considero igual o inclusive más importante sobre el cual se debería reflexionar en el análisis de la situación actual. El diario italiano Corriere de la Sera publicó una entrevista a Edgar Morin. El filósofo del pensamiento complejo nos alerta sobre el peligro que significa el triunfo del pensamiento superficial, la barbarie del pensamiento desligado de la realidad, fragmentado y podrido por el odio pues es el causante de los desastres, la ignominia, la estupidez, las mentiras. ¿Qué tal el gran pensamiento de la señora Sheinbaum dedicando tiempo y esfuerzos para que, mediante su intervención y mediación diplomática con el primer ministro de Corea, un famoso grupo musical de este país ofrezca más conciertos en México debido a la gran demanda de boletos de los jóvenes nacionales? Superficialidad total.

 

francisco.montfort@gmail.com