Si tuviera salud

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Por Darío Fritz

Si tuviera salud me dispondría a caminar cada mañana desde que la ciudad comienza a desparramar su somnolencia, el aire irriga vida en cada poro del rostro e infiltra las piernas llamando a moverlas, saludaría al guardia del edificio de la cuadra con el cual me cruzo todas esas mañanas de luces tenues porque siempre sonríe con un “buen día” consolador por los que nadie más regalará.

De tener esa salud ausente iría por las librerías sin prisa a escudriñar la nueva antología de Raymond Carver o la poesía de Elizabeth Bishop, como a otros les puede insuflar el pecho ir a una concesionaria de autos a hurgar sobre últimos modelos. De regreso a casa amontonaría la compra en algún rincón donde se apoltronan los adeudos de lecturas para cuando el tiempo permita leerlos y haría las cuentas de cuál serie de las que no se hablan tanto podría sentarme en la noche a sumergirme en su mundo de fabulación. De tener salud, me acabaría cuanta lectura tuviera a la mano para inflamarme de relatos y explicaciones que me dieran armas para formatear ideas del lugar del mundo en que estoy parado, aunque su destino solo alcance a acurrucarse entre neuronas.

Si tuviera salud haría que el tiempo fuese sobreexplotado. Cumplir con la rutina y lo que me proponga. Amanecer sin sol aún frente a la computadora para hilvanar en texto las líneas que el día anterior fracasaron, llamar a la gente con la que necesito encontrarme y evitar a las que se atienden por obligación. Hallar el rato para compartir el desayuno o la cerveza con quienes me estiman. Me animaría a cantar y haría ejercicios de memoria para recordar los nombres de viejos rostros que de algo sirvieron. Para aprender de las tragedias o de cómo hallar las certezas. Si tuviera salud admitiría que procrastinar ayuda a tomar con ligereza los tiempos que quieren imponernos.

Con salud, haría la dieta que se recomienda para la edad, le daría mayor lugar a las vacaciones y a descubrir los lugares que las agencias de turismo y los gobiernos no patrocinan, contribuiría a que no está nada bien eso de normalizar la extorsión, la criminalidad para quien protesta, la destrucción de la selva para llevar un tren, las miserias de niños asesinados o encarcelados, que te puedan pisotear las ideas, o que ya no hay arreglo para la corrupción perenne.

Si tuviera salud le esquivaría a las intermitencias de la risa y pondría un cerrojo contra los momentos de mal humor. Destazaría al huraño que asoma de tanto en tanto. Haría de un espléndido día, un recuerdo constante.

Todo eso, ahora que tengo salud, y me falta hacer.