Quebradero

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Tan sencillo como buscarlos

 

Por Javier Solórzano Zinser

Para López Obrador la mejor política exterior era la política interior. La afirmación es un lugar común, porque en el fondo no define nuestra relación con el mundo en función de problemáticas internas.

La Presidenta ha tratado de abrir las puertas. Es claro que trae remanentes del pasado inmediato. Las decisiones en materia de política exterior han tenido que ver más que con la diplomacia o con la convivencia entre los gobiernos y los países, han tenido y tienen que ver con afinidades ideológicas e identidades.

López Obrador pasó de hacer un libro contra Trump a comportarse como una especie de aliado aceptando muchas cosas que como candidato y militante nunca aceptó por parte de algún gobierno de EU, es más, recordemos que era un severo crítico de todo lo que Donald Trump ya iba perfilando.

En aquellos años López Obrador no tuvo contacto con América Latina y cuando lo tuvo acabó en enfrentamientos con algunos países, como fue el caso de Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia, Panamá entre otros. No salió del país de no ser porque realmente no le quedara de otra. Fue invitado por el presidente Biden a Los Ángeles a una muy importante reunión de América y terminó por mandar a su canciller.

Con España seguimos en una confrontación que ya sería tiempo de meterla en otra dinámica. Se han dado indicios desde este país que buscan relanzar la relación; sin embargo, cada vez que surge algo la Presidenta le concede relevancia. Bajo esta perspectiva ya se tardaron en exigirle a EU que nos devuelvan nuestro territorio, o por lo menos una disculpa.

México ha perdido presencia e influencia. Esto no quiere decir que se pondere todo lo que hicieron los presidentes que antecedieron a la llamada 4T. Lo que pasa es que la política exterior estaba fundamentada en manos de especialistas que dedican su vida a la relación de México con el mundo. Fueron formados en el Instituto Matías Romero lo que además les permitía integrarse al Servicio Exterior Mexicano, por el cual han pasado distinguidos diplomáticos que han construido la política exterior. No es asunto sólo de presidentes, es una tarea de diplomáticos; es un hecho que hemos venido desapareciendo del mapa.

Con la Presidenta se han presentado variantes importantes que le hacen diferente a López Obrador. Sin embargo, en algunos asuntos sigue estancada en procesos ideológicos que se defienden por empatías, a lo que se suma que sigue heredando mucho de lo que hizo, o más bien no hizo, López Obrador.

Paulatinamente ha venido colocando al país de nuevo en un ámbito internacional. Hay indicadores de que para muchos gobiernos la forma en que ha establecido la relación con Trump le ha otorgado un crédito internacional.

Sin embargo, carga la pesada herencia de su antecesor. Se han expresado críticas y estigmas en contra de algunos gobiernos más por empatía con los opositores, marcado por procesos ideologizados, que por razones diplomáticas y de respeto a la soberanía.

El Gobierno mexicano repite desde el pasado sexenio que se debe respetar soberanía y la autodeterminación de los pueblos. A pesar de ello, ha sido particularmente crítico contra algunos gobiernos que han tomado decisiones internas a través de sus congresos o a través de sus electores las cuales no comparte.

Un caso reciente es Bolivia. Rodrigo Paz ganó la presidencia y no se reconoció su triunfo, hasta la oposición aceptó su derrota.

No se trata del pasado. Se trata de entender la relevancia de una política exterior activa basada en la diplomacia y en el conocimiento de las relaciones internacionales. Para ello está la Cancillería con su gran cantidad de trabajadores del Servicio Exterior; tan sencillo como buscarlos.

RESQUICIOS.

Australia ha tomado una muy importante decisión al establecer un control a las redes sociales en los menores de 16 años. Es asunto del mundo y nos va a tocar definirlo tarde que temprano, en Querétaro se han dado los primeros pasos.