¿Estamos de nuevo pateando el bote?
Por Javier Solórzano Zinser
Los 90 días le van a servir al país para tener un respiro, pero tarde que temprano se tendrán que de nuevo enfrentar a los eventuales impulsos de Trump.
La pausa o postergación no deja de ser una noticia que alivia el tiempo que estamos viviendo; sin embargo, es obvio que no termina por resolver los problemas.
En materia comercial ha habido un avance, pero a lo largo de estos 90 días México va a tener que “remover sus barreras no arancelarias, las cuales son muchas”, a decir de Karoline Leavitt, vocera de la Casa Blanca. El Gobierno tendrá que definir internamente algunas de las áreas como las de energía en las que se ha manifestado inamovible.
Los 90 días por delante son en un principio una noticia positiva, pero en algún sentido estaremos pateando el bote si no encontramos soluciones de mediano y largo plazo. México va a tener que ofrecer algunas concesiones para que en la parte comercial Trump deseche, hasta donde sea posible, la aplicación del 30% de aranceles.
En el camino se está cruzando la revisión del T-MEC. No queda claro por ahora qué pudiera suceder, porque Trump quiere un cambio en el tratado que podría llevar a un eventual rompimiento entre las tres naciones que lo conforman, las cosas podrían quedar en relaciones comerciales bilaterales entre México, EU y Canadá.
En tiempos en que todos los elementos se cruzan, Trump no pudo perder de vista la importancia que tiene su relación comercial con México. La imposición del 30% de aranceles pudiera ser para su país convertirse en una profunda afectación en lo económico y en el consumo. La decisión que tomó ayer con la Presidenta mexicana tiene una alta dosis de ello, reconoció que de todas las relaciones comerciales que tienen con el mundo es con México con quien las cosas adquieren variantes significativas.
Somos mutuamente dependientes, lo cual, si bien tiene un lado altamente positivo, también nos coloca invariablemente en la adversidad y en medio de la imposición. Trump sigue amenazando y en algunos casos posterga sus amenazas, lo cual no debe llevar a la confianza, porque en cualquier momento puede revirar.
El plazo de los 90 días no únicamente se concentra en el tema comercial. México tiene que hacer algo a lo largo de estos días para llegar a un acuerdo no sólo en el tema comercial sin pasar por alto nuestra relación con China, porque para Trump es una exigencia, la cual ha colocado, invariablemente, sobre la mesa.
Donde seguimos en terrenos pantanosos es con los cárteles de la droga. Recordemos que la carta que envió Trump a la Presidenta mexicana concentraba su atención en el tema de seguridad. Lo económico y comercial, sin ser soslayado, pasaba a segundo plano.
La pregunta ante la pausa o postergación es qué exigió Donald Trump al Gobierno mexicano y qué pudo haber respondido Claudia Sheinbaum. México no tiene una clara capacidad de maniobra por el conjunto de adversidades internas. Lo que la Presidenta pudo ofrecer en los temas de seguridad tiene que ver con decisiones que está obligada a tomar para satisfacer, por más rudo que se lea, las exigencias del vecino.
Es definitivo que el Gobierno tiene una estrategia en seguridad distinta al sexenio anterior, el problema es que para resolver los problemas no hay de otra que ver al sexenio anterior.
La gran paradoja es que no queda claro qué hubiera pasado al interior del país si no se hubiera presentado la avalancha de exigencias de Trump. Las exigencias del exterior, a querer o no, obligaron a cambiar aún más la estrategia.
Los 90 días dan capacidad de maniobra. Pero habrá que responder a las demandas externas, lo cual es una forma de ver lo que pasa al interior. No hacerlo, será seguir pateando el bote, hasta que un día las cosas se colapsen.
RESQUICIOS.
La postergación por 90 días no debe ser ocasión de aventar confeti. Lo importante es que la Presidenta se ha ido convirtiendo en un interlocutor válido para Trump, pero lejos estamos de resolver los problemas.