Degradación política en Veracruz

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Por Uriel Flores Aguayo

El sistema político veracruzano es lo mismo de siempre con otros nombres y colores. No existe plena división de poderes y se ejerce un gobierno de partido. Todo gira en torno a lo electoral y a los intereses del partido oficial. Las responsabilidades sustanciales del gobierno pasan a segundo plano. La mayoría “mayoritea” y aplasta a la pluralidad. Se concibe e impulsa una sociedad sumisa y clientelar. El discurso oficial es ocurrente y de bajísimo nivel. No distingue lo institucional de lo partidario.

Habiendo conocido el pasado del PRI puedo decir que lo de hoy es mucho peor: ignorancia, soberbia, perversidad y desfachatez. Es de horror pensar que la justicia, la educación, la seguridad y la salud de Veracruz están en manos poco ilustradas y con visiones sectarias y de mero interés grupal. Es una orgía demagógica. Son palabras sueltas y pobres. Es un permanente insulto a la inteligencia y la dignidad de la gente.

Los Senadores y Diputados son ornamentales, no cuentan ni cumplen con su papel; están dedicados a asuntos de partido. No es exagerado decir que las conductas de los funcionarios estatales rondan al fascismo. Utilizan a los empleados y docentes como manada, abusan del poder y degradan a la gente. Es impresionante el atropello a los derechos y dignidad de la burocracia y profesores. Vivimos con sensaciones opresivas y peligrosas, con una vida pública deprimente y el regateo decente a la deliberación social.

No se respetan los mínimos derechos de las minorías y las oposiciones. Se llega a extremos de acarreo de trabajadores docentes y en general para satisfacer el ego de sus directivos. Es evidente el desvío de recursos públicos para las constantes e inútiles movilizaciones para lo que se les ocurra. Viven una brutal borrachera del poder, no rinden cuentas ni se abren a la transparencia. Los resultados en términos democráticos son casi nulos; más bien hay una regresión. Disfrutan del poder pero lo vuelven ilegítimo en tanto se saltan procedimientos legislativos y no toman en cuenta a las oposiciones, las minorías y a la ciudadanía. Son un fraude. Nada bueno han traído a Veracruz.

El problema principal es su nivel cultural y educativo, bajísimo. De ahí se desprende un discurso pobre y una práctica de auto consumo. No convencen, imponen; no respetan la voluntad popular, obligan; no transforman, degradan. Hay muy pocas excepciones entre ellos. Son una clase política tradicional, tan mediocre y de uñas largas como las de antes. Simulan o se auto engañan; repiten consignas y se escudan en el culto a la personalidad de AMLO. Su irracionalidad hace prácticamente imposible entablar un diálogo constructivo; obstruyen a la crítica, siempre necesaria, y se colocan más que lejos de la autocrítica.

No tienen liderazgo real, son fachada. No aportan argumentos, ni visiones. No agregan inteligencia. El gobierno en sus manos es lo más cercano al desastre. Omisos de lo principal, se dan la gran vida y se dedican a la farándula. Son folklor y festividades. Son de puntadas. Hasta para sus ocurrencias los tienen que padecer los empleados.

Es un sexenio perdido en desarrollo social y democrático. Desperdiciaron una oportunidad de oro para hacer algo diferente y mejor. No supieron o no quisieron. Enloquecieron con el poder, dieron rienda suelta a sus manías y fracasaron en todos los órdenes de los asuntos gubernamentales. Su sello es el nepotismo y el despotismo. Mano dura y lengua suelta es el resumen de abusos y rollos de este gobierno más de supuesto que de realidad.

¿Y las oposiciones? Cómodas, inútiles, rolleras, dóciles y de tres pesos. Sin oposición, el gobierno hace y deshace. Quieren seguir en el poder para su disfrute personal y grupal, ya cancelada cualquier noción de cambio y decoro. En la ciudadanía libre está la llave para abrir la puerta de la democracia.

Recadito: ni en los peores tiempos del PRI se había visto que la parte patronal encabezara a los trabajadores un primero de mayo.