“La Bonita” y su destape de Estado

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Por Ruby Soriano

No hizo falta nada más, todo fue perfecto, con la medición correcta y las estampas adecuadas para entender que el registro de la boxeadora Gabriela Sánchez para contender por la Coordinación Municipal de la Capital Poblana en Morena, se trató ni más ni menos de un acto cobijado por el gobierno del estado que encabeza su principal impulsor, Alejandro Armenta.

Fue un destape al estilo del priismo de los 80. Por algo, la mayoría de los rostros que rodearon a la aspirante a la presidencia municipal de Puebla, eran las hijas de los hoy viejos ex marinistas, a quienes vimos al frente de toda la operación para hacer un destape que no hace falta describir, sino imaginar con asertividad todo lo que hubo detrás del telón.

Una imagen primitiva de una mujer deportista a la que le están vendiendo una idea cruel, pensar que puede llegar a gobernar una Puebla donde hoy se mueve la tenebra de la 4T de la que es rehén y donde juega un papel demoledor: Ser útil para lo que vendrá en los próximos meses. No más.

Fue un insulto a la inteligencia de los ciudadanos hablar de una concentración orgánica cuando a la boxeadora pocos la conocen.

Las hordas del burocratismo cumplieron con la “invitación forzosa” que se les envió vía whatsapp desde donde se instruyó a empleados gubernamentales para acudir al acto político.

Gabriela Sánchez lució desencanchada; leyó un discurso elaborado con las llamadas frases que usa el neomorenismo proveniente de las filas de ese priismo barato.

Ahí con varios años más, estuvieron quienes vitoreaban el copete de Enrique Peña Nieto, son los mismos, nunca se han ido, porque han seguido la ruta del hueso y la ambición.

Una gran parte de los medios de comunicación poblanos hicieron lo propio: Hacer su nado sincronizado en redes sociales para desquitar la “aceitada” que seguramente recibieron para la cobertura de un acto donde se violó todo: Tiempos electorales, equidad, principios del morenismo y sobre todo, la verdad de reconocer que la boxeadora carece de conocimiento y experiencia para saber cómo se conduce una ciudad.

Muchos la comparan con la inexperiencia de Claudia Rivera y sólo hay que recordar ¿cómo nos fue?

El destape de “La bonita” fue un acto de Estado, así sin más y con todas sus letras.

Aquí caben algunas preguntas para el gobernador Alejandro Armenta y para el Comité Directivo de Morena en Puebla:

¿Cuánto se gastó en el destape de la boxeadora?

¿De dónde salió el recurso para la contratación de autobuses?

¿Quién pagó todos los utilitarios que se repartieron durante el acto?

¿Cuánto se invirtió en pautas en redes sociales y medios de comunicación?

¿Cuánto se pagó a los operadores que se encargaron de garantizar que la gente llegara a la marcha?

El derroche de recursos fue innegable. Es la huella del marinismo que en los nuevos tiempos hace gala del cinismo electoral donde se evade todo, incluso la transparencia y la rendición de cuentas.

Mientras “La Bonita” sigue adelante con la puesta en escena armada por los operadores del armentismo, la sombra de Mario Marín regresa a los reflectores pues el próximo martes en Quintana Roo, se realizará una audiencia de vista por los presuntos delitos que se le imputan en contra de la periodista Lydia Cacho.

Después de 21 años de esa vergonzosa historia, el sábado pasado, el fantasma del gober precioso abrazó el destape de quien hoy es sólo un alfil de un grupo que va a la puja de posiciones y más poder.

 

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