¿Hasta dónde le alcanza a la oposición?
Por Javier Solórzano Zinser
Las alianzas PRI-PAN (PRIAN) no han sido positivas. A quienes más ha perjudicado es a los panistas, no sólo entre sus votantes, sino también al interior del partido.
López Obrador se encargó de evidenciar aún más esta alianza. Son partidos con perspectivas diferentes, pero, a pesar de ello, de alguna manera se han entendido a lo largo de sus historias.
En la elección de 1988 el papel del PAN le dio fuerza a la victoria del PRI, ante lo que bien pudo haber sido el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas. Situación similar se presentó en 2006, pero a diferencia del 88 el que de alguna forma convalidó el triunfo de Felipe Calderón sobre López Obrador, fue el PRI. Las alianzas electorales no necesariamente les han dado el mejor resultado. El electorado se las ha cobrado con voto de castigo.
En 2018, no había cómo frenar el triunfo de López Obrador. La sacudida fue brutal y todavía hay remanentes de ello. En las elecciones de 2021 el tsunami no dejó de pegarle a la oposición. El PRIAN optó por aliarse en algunas candidaturas con resultados más desfavorables. En 2024, de nuevo intentaron por la misma vía reponerse, los resultados fueron similares.
Ante las elecciones del 27, de nuevo se han planteado la posibilidad de aliarse. Quizá podría haber variantes en comparación con anteriores experiencias, pero la perspectiva de las cosas sigue siendo desfavorable.
El inevitable desgaste del gobierno y su partido pueden jugar en favor de la alianza. Pero al interior del PAN no existe convencimiento de aliarse con el PRI. Lo consideran un partido en el descrédito y sin fuerza.
A pesar de que tengan razón, las condiciones no les dan para en algunos casos irse por la libre. Por ahora el PAN sigue siendo la segunda fuerza del país, sin perder de vista el avance de Movimiento Ciudadano, el cual, por cierto, está también pagando el desgaste en Nuevo León y Jalisco.
Las condiciones están siendo diferentes, pero no hay garantía de nada. En algunos casos una alianza podría colocar al PRIAN competitivo, pero no hay certeza de nada. Lo que sí pareciera es que, a pesar de que ante la alianza muchos ciudadanos la volverían a cobrar negativamente con su voto, las condiciones bajo las cuales estamos son distintas a las de hace algunos años.
A Morena le está saliendo cara la designación, en más de algún caso, discrecional de sus coordinadores. La alianza con el PT más que romperse la está dejando con muchos pendientes, que, si bien pueden afectarle en menor medida, sí le puede provocar problemas electorales. En el Consejo del partido quedó claro que han pintado su raya con el PT y que este partido le está resultando por momentos un estorbo, con todo y que han sido sus fieles aliados.
Podríamos estar ante un pataleo propio de la búsqueda de posiciones. Pero también podríamos estar ante eventuales rompimientos, que si a alguien coloca contra la pared es al PT. Morena, más que pensar en sus alianzas, muy probablemente está ante el reto de cómo enfrentar las elecciones, a sabiendas de que la ciudadanía ha ido padeciendo su desgaste.
A partir de que vengan las designaciones de candidaturas podríamos saber por dónde se podría mover el electorado. Todo apunta a que en más de un caso habrá una alianza PRIAN. Habrá que ver ante esta eventualidad qué piensa la ciudadanía y cómo ve este nuevo intento.
Veremos hasta dónde llega el desgaste, pero, sobre todo, sabremos si se viene construyendo una oposición posible, más armada y significativa. Morena sigue llevando mano, pero las condiciones no son bajo las cuales llegó. Traen muchos pendientes y les está costando mucho trabajo resolver sus problemas internos.
RESQUICIOS.
Las cosas en el sector salud están llegando al límite y quizás sea sólo por eso que ahora sí las autoridades atienden al personal. No se puede presumir que somos como Dinamarca, a estas alturas es grosero, sobre todo, cuando la cotidianidad de buena parte de los hospitales a duras penas sobrevive.