*Durante 150 días el pozo de Pemex expulsó fuego y gases; un documental recoge más de 20 testimonios sobre enfermedades, muerte de animales, contaminación de arroyos y pérdida de cultivos
A seis meses de la explosión del pozo Krem-1 de Petróleos Mexicanos (Pemex), habitantes de comunidades de Las Choapas, Veracruz, denuncian que las consecuencias del siniestro permanecen en sus tierras, fuentes de agua y, aseguran, también en su salud.
El documental Las heridas del gas: Muerte y afectaciones a 6 meses de la explosión del pozo Krem-1, realizado por Maxi Goldschmidt, Paula Mónaco Felipe, Miguel Tovar y Armando de la Cruz, con participación de Earthworks, Conexiones Climáticas y Nuestro futuro, nuestra energía, recorrió la región y reunió más de 20 testimonios de pobladores afectados.
Las imágenes y relatos muestran terrenos quemados, vegetación dañada, cultivos perdidos y arroyos en los que los habitantes aseguran haber encontrado hidrocarburos después del accidente. También documentan testimonios sobre muerte de aves de corral y otros animales, así como problemas respiratorios, dolores de cabeza, irritación de garganta, diarreas y otros padecimientos que los pobladores relacionan con las emisiones.

De acuerdo con el documental, el pozo permaneció durante aproximadamente 150 días expulsando fuego y gases. Los habitantes describen que durante ese periodo soportaron olores intensos, humo y la caída de sustancias que identifican como aceite y residuos salinos sobre viviendas, parcelas y cuerpos de agua.
“Cuando llegaba el peste, usted no sabía ni dónde meterse, ni que se tapara ni nada”, relata uno de los habitantes. Otro asegura haber perdido decenas de gallinas: de entre 80 y 100 aves que tenía, comenzaron a morir una tras otra. De un grupo adicional de 40 pollos, afirma que solamente sobrevivieron alrededor de 15.
Los daños relatados alcanzan también la agricultura. Productores muestran plantas de plátano, guayaba, piña y otros cultivos que dejaron de producir o presentan daños que atribuyen a las sustancias que cayeron durante los meses en que permaneció activo el pozo.
Uno de los testimonios resume la transformación del entorno: donde antes había vegetación “verde, verde, todo verde”, ahora, asegura, quedó “un desierto”.
Hidrocarburos en los arroyos
Uno de los puntos centrales del documental es la posible contaminación de las fuentes de agua de las comunidades.
Los pobladores muestran residuos que identifican como hidrocarburos en el arroyo El Armadillo y aseguran que aproximadamente 20 días después de la explosión comenzaron a observar concentraciones de petróleo en el agua.
“Había lagunas de petróleo en el arroyo”, señala uno de los testimonios. En otra parte del recorrido, un habitante toma grava y afirma que todavía desprende olor a hidrocarburo.
El problema resulta especialmente delicado para comunidades rurales que dependen directamente de manantiales y arroyos.
“La vida de la zona aquí de las comunidades es el agua. Y si nos contaminan el agua, pues no hay nada para nadie”, advierte uno de los habitantes entrevistados.
El documental sostiene que el impacto no se limitó al área inmediata del pozo. Mientras en la llamada “zona cero” la vegetación quedó prácticamente arrasada, en áreas más alejadas los pobladores identifican las principales afectaciones en arroyos, parcelas y animales.
Pobladores reportan problemas respiratorios
Los testimonios más preocupantes corresponden a las afectaciones a la salud que los habitantes asocian con las emisiones del Krem-1.
Una persona relata que su madre desarrolló un cuadro que describe como neumonía y tuvo que ser trasladada a Coatzacoalcos para recibir atención médica particular, con gastos de transporte y oxígeno.
Un médico entrevistado en el documental señala que comenzaron a llegar pacientes con síntomas de infección, alergias y dificultades para respirar.
“Algunos venían que no podían respirar. Yo a muchos los mandé a que le pusieran oxígeno porque venían con disnea”, relata.
Otros habitantes mencionan ardor de garganta y cuerpo, dolores de cabeza, tos, gripe y problemas gastrointestinales. En el caso de los niños, aseguran haber observado una elevada presencia de padecimientos respiratorios durante el periodo de emisiones.
Los testimonios documentan síntomas y la percepción de los habitantes sobre su relación con el accidente; establecer una relación causal entre cada padecimiento y la exposición a las emisiones requiere estudios médicos y epidemiológicos específicos.
Advierten exposición a sustancias tóxicas
Patricia Rodríguez, integrante de Earthworks, organización que utiliza cámaras ópticas especializadas para detectar emisiones de gases que no son visibles a simple vista, advierte en el documental sobre la dimensión de la afectación.
Explica que el gas natural contiene principalmente metano y que las emisiones asociadas a la explotación de hidrocarburos pueden contener otros compuestos, entre ellos benceno, tolueno y xileno.

En particular, el benceno está reconocido como una sustancia cancerígena. Sin embargo, para determinar a qué sustancias y concentraciones estuvieron expuestos específicamente los habitantes de la zona del Krem-1 serían necesarios los resultados de mediciones ambientales realizadas durante y después del incidente.
Ese es precisamente uno de los reclamos que aparecen en el documental.
Los habitantes aseguran que Pemex contó con equipos de monitoreo durante la emergencia, pero sostienen que nunca recibieron información detallada sobre los gases presentes en el ambiente ni sobre sus concentraciones.
“Pemex nunca nos dio un informe. Tenían sus equipos que monitoreaban, pero nunca nos informó: es este gas, es esto”, reclama uno de los entrevistados.
El pendiente es la salud
Según los testimonios reunidos, hubo acciones para resarcir algunos daños materiales, principalmente en pastizales, cercas de alambre y láminas de viviendas. Sin embargo, los pobladores consideran que permanece sin respuesta la principal preocupación: las posibles consecuencias de largo plazo para su salud.
El documental plantea además interrogantes sobre la remediación de suelos y cuerpos de agua y sobre el seguimiento médico que recibirán quienes estuvieron expuestos durante meses a las emisiones.
“Ahorita no sabemos cómo vamos a estar más y más”, dice una de las personas entrevistadas.
Seis meses después del accidente, la exigencia de las comunidades ya no se limita a reparar láminas, cercas o cultivos. Reclaman conocer qué respiraron durante los 150 días de emisiones, qué sustancias llegaron al agua y al suelo y cuáles pueden ser sus consecuencias. “Cuando comete un accidente, uno tiene que ser responsable de los daños que hicieron a las comunidades”, sentencia uno de los pobladores.
Las heridas del gas documenta así una emergencia que para los habitantes no terminó cuando se extinguieron las llamas del Krem-1. El fuego se apagó, pero las comunidades siguen reclamando estudios ambientales, atención médica y respuestas sobre los efectos que podrían permanecer en sus cuerpos y en el territorio.