Por Francisco Montfort Guillén
Son numerosos los articulistas y ensayistas en todos los medios de comunicación que relatan el sinnúmero de decisiones fatales que han tomado los dos gobiernos de Morena. En todos los sectores de la administración pública central, estatal y municipal, en otras dependencias del Estado pueden encontrarse documentados los errores cometidos por las personas más impreparadas que han gobernado el país. Y poco a poco van surgiendo los estudios que ya no solo denuncian las atrocidades realizadas por Morena. Se publican explicaciones de las causas y efectos que tienen y tendrán esas decisiones, así como las singularidades del Nuevo Populismo Mexicano.
Las diferentes reformas realizadas de 2018 a la fecha complementan el cuadro de los desatinos morenistas, pero son precisamente esos cambios constitucionales y legales los que van dando forma a ese Nuevo Populismo y son, por eso mismo, las más trascendentes puesto que van configurando una nueva forma de gobernar, nuevas relaciones entre el Estado y la sociedad que cierran el camino de las libertades, las igualdades y las solidaridades entre los mexicanos. Dos singularidades aparecen en escena que determinan la manera en que debe ser analizado el conjunto del acontecer nacional: la creación de un Estado policíaco, sostén del despotismo iletrado y corazón del Nuevo Populismo Mexicano. Y en segundo término la estructura del poder que estructura, entreteje los intereses de la clase que detenta el poder político tradicional y el nuevo agente político que comparte, pero también disputa el poder político: el crimen organizado. Existen, pues, dos frentes de lucha que deben ser ganados si queremos que la República renazca de la mano de la democracia y del desarrollo.
Sergio López Ayllón y Pedro Salazar Ugarte publican un ensayo titulado Hacia un Estado policíaco (Nexos, agosto 2026, pp. 20-23) que muestra el camino, las etapas, los pasos que desde 2018 ha venido construyendo Morena de la mano de sus líderes para arribar a la construcción de un Estado Policiaco que, se cuidan de decir, no funciona, todavía, como un todo sistémico pero que ya cuenta con todos los elementos para que pueda ser definido el Estado mexicano de esa manera. Parten desde la <<lógica universal del populismo…cómo se ejecutó ese guion en México mediante un conjunto de reformas constitucionales…la construcción de un Estado policial…y qué significa todo eso para la democracia mexicana y para cada uno de nosotros. La hipótesis no es conspirativa; el concepto que la ordena es la concatenación, donde cada reforma habilita la siguiente y todas se refuerzan. México no inventa nada, sigue un camino establecido>>. Bueno, pues esta hipótesis es contraria (aunque no conspirativa) porque, si México no ha inventado nada y todas las reformas tienen un orden de concatenación, entonces esto significa que hubo quiénes sí pensaron en seguir un guion para lograr los cambios legales, constitucionales para construir un nuevo régimen y hacerse de “todo el poder” de manera aparentemente pacífica, tal vez sin el fuego y el ruido del golpe militar, pero sí con las amenazas, el temor, el terror que el presidente más autoritario y vengativo de nuestra historia nacional ejerció sobre sus adversarios, al grado de lograr inmovilizarlos, y con el apoyo selectivo pero altamente funcional de su nuevo aliado operativo, al que convirtió en actor político con sus alianzas y con la cesión de parte sustancial de la soberanía nacional al crimen organizado.
Lo que hasta ahora ha conseguido Moren es guiar la última etapa de la decadencia del Estado mexicano surgido de la llamada Revolución Mexicana que, este sí, consiguió crecimiento económico sin libertades, desarrollo social sin igualdad, conciliación de clases sin fraternidad. Ese Ogro Filantrópico que a todos ofrecía algo y a todos les daba algo, no de igual importancia, pero lo suficiente para mantener sus expectativas de alcanzar algún día el pleno progreso del bienestar de alta calidad y un nivel de vida digno y conforme a sus aspiraciones.
Al administrar la decadencia de ese Estado que llegó a ser calificado como la Dictadura Perfecta por Mario Vargas Llosa, Morena no puede, por ceguera ideológica, promover su regeneración, sino que busca el socavamiento del único esfuerzo ciudadano que había logrado ir amarrando y limando las arbitrariedades del Estado despótico.
Su idea de centralizar todo el poder en el ejecutivo hizo posible que confundieran los logros que había sido frutos de las luchas ciudadanas, sobre todo las instituciones electorales y de rendición de cuentas, con las orientaciones liberales sobre el comercio, la producción y los sindicatos. Morena quiere igualdad sin libertad. Crecimiento económico con sometimiento. Sus horizontes son limitados. Sin libertad individual y social y sin equidad en la libertad el resultado siempre será la tiranía, por más que lograran crecimiento económico como en el modelo asiático (antes Rusia, hoy China). Pero sus miras en cuanto al desarrollo económico son bastante atrasadas teóricamente y su falta de experiencia tienen al país con crecimiento de casi 1% desde 2018 y con números negativos el PIB per cápita.
En términos políticos secar a los partidos de oposición regresa las batallas políticas al mismo sitio en que las tenía el PRI antes de la apertura política, es decir, al tiempo de la elección de López Portillo. Entonces, como ahora, la sociedad encontrará las formas de abrirse camino hacia la libertad y el progreso. Con o sin partidos de oposición fuertes. El caso será tratar de impedir el populicidio que está cometiendo Morena con el país. El pleito entre la dualidad presidencial es la grieta por donde se colará la intrusa democracia.
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