Censura descarada del INE pone en la mira hasta el sarcasmo: monitoreará críticas indirectas a candidatos en radio y TV

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El Instituto Nacional Electoral (INE) pretende llevar el monitoreo de los contenidos periodísticos durante las elecciones federales de 2026-2027 a un terreno que podría alcanzar incluso al sarcasmo, la ironía y otras formas habituales de expresión y crítica en los medios de comunicación.

La “Metodología para la realización del monitoreo de las transmisiones sobre precampañas y campañas electorales del Proceso Electoral Federal 2026-2027 en los programas que difundan noticias” incluye una variable denominada “Mecanismos discursivos indirectos de descalificación de personas precandidatas o candidatas”, mediante la cual se registrarán expresiones de conductores, locutores, reporteros, analistas e incluso “cualquier voz en off”.

El alcance del mecanismo resulta especialmente controvertido porque no se limita a insultos, amenazas o agresiones explícitas. Por el contrario, el propio documento establece que su objetivo es identificar expresiones o comentarios que, “sin constituir una agresión explícita”, transmitan mensajes de “descalificación, menosprecio o cuestionamiento” hacia precandidatos o candidatos mediante mecanismos discursivos indirectos.

Es decir, el INE se propone clasificar y contabilizar formas de expresión que forman parte cotidiana del análisis, la opinión, la sátira y la crítica periodística, dejando además un amplio margen de interpretación para decidir cuándo una expresión constituye un cuestionamiento susceptible de ser registrado por la autoridad electoral.

Entre las categorías previstas aparece expresamente la “ironía o sarcasmo”, definida por el documento como aquellas expresiones cuyo sentido literal contrasta con una intención descalificatoria, incluyendo “elogios aparentes que encubren críticas o burlas”.

La metodología incluye además la “minimización”, entendida como expresiones que reduzcan la relevancia, capacidad o logros de una persona precandidata o candidata; la “infantilización”, cuando se le presente como inexperta, ingenua o incapaz de comprender la complejidad del cargo al que aspira; y el “cuestionamiento implícito de legitimidad”, cuando una expresión sugiera, aun sin afirmarlo directamente, que una persona no merece o no está en condiciones de ocupar el puesto por el que compite.

También contempla la llamada “asociación negativa por identidad”, referida a expresiones que hagan alusión implícita a la pertenencia de una persona a determinado grupo por género, origen étnico, edad, orientación sexual u otra característica, cuando ello implique una limitación o descalificación.

El grado de absurdo llega hasta ordenar que se registren las frases concretas utilizadas por periodistas y comunicadores. La metodología señala que cuando conductores, locutores, reporteros, analistas o cualquier voz en off empleen alguno de esos mecanismos discursivos indirectos, deberá incluirse una descripción que justifique por qué la expresión fue clasificada dentro de alguna de las categorías establecidas.