La justicia selectiva en Veracruz: el caso de la Sección 32

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Por Juan José Llanes

Lo que pasó hoy en el sector magisterial, revela una realidad insoslayable que -por más que se intente matizar- estalla y se hace visible: la Secretaría de Educación de Veracruz ha carecido (por autoritarismo y arrogancia) de la mínima capacidad política de tener en paz (aunque sea en “relativa paz”) a uno de los sectores más indómitos de la burocracia.

Mientras que la Sección 56 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que aglutina a los “maestros estatales”, ha sido domesticada (su dirigente es diputado local bajo el manto de Morena), la Sección 32, que acomuna a los docentes con “plazas federales”, se duele de ausencia de acuerdos, incumplimiento a los pocos que se han podido construir, carencia de un diálogo eficaz y -aunque no lo expresen literalmente, en síntesis- de una total falta de capacidad de interlocución política.

Claudia Tello se hizo a la idea de que manejar el sector educativo estatal era cosa, nada más, de pegar manotazos en la mesa, en esa visión autoritaria que caracteriza a algunos agentes de este régimen.

Así, las oficinas centrales de la SEV amanecieron este lunes 13 “tomadas” por la Sección 32. Pero el tema reveló -además de los problemas de los que se duele este sector del SNTE- que es verdad lo que tantas veces se ha denunciado: en Veracruz, existe un notorio doble rasero para tratar a las organizaciones sindicales. A la luz del escaso entendimiento de las cosas que tiene el gobierno estatal, suponen que uno es el trato que le deben dar a los sindicatos “grandes” (empezando por el “grande”, el SNTE), y otro el que dan a los sindicatos “pequeños”.

Veracruz vive un fenómeno de plurisindicalismo en el sector magisterial, gestado desde tiempos de Murillo Vidal, tras la escisión de la Sección 56 del SNTE, y la aparición del SETSE que comandaba José Javier Palafox. Y a partir de ahí, como en ninguna otra parte en México, han surgido sindicatos magisteriales.

Por más que quienes tienen visiones innegablemente fascistoides lo vean mal (erróneo, inconveniente, equivocado o ineficaz a los propósitos de la defensa colectiva de un sector), lo cierto es que ese plurisindicalismo se sustenta en un Derecho Humano: el de la libertad sindical, que tutela el Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo.

El problema es que a los regímenes autoritarios los Derechos Humanos generalmente estorban. Y Claudia Tello demostró que ese derecho fundamental (que se traduce en que los trabajadores tengan tantos sindicatos como deseen, y se adhieran al que prefieran) le molesta. La visión de que “hay demasiados sindicatos” (avalada desde la propia Secretaría de Trabajo) trajo aparejada la idea de que era necesario irlos extinguiendo.

Más aún cuando -imprudentemente- el dirigente nacional del SNTE se comprometió a la afiliación “masiva” de los socios de ese sindicato a Morena, al estilo de ese viejo corporativismo del ancien régime priista que tanto deplora el actual gobierno.

Cómodo en una curul del Congreso Local en la fracción morenista, el dirigente de la Sección 56 presume que esta “chiquiado” por el régimen. Y sí, es cierto… como cierto es que, quizás porque las cúpulas de la Sección 32 (residuos del callejismo) están en la banca y quieren que también los mimen, se atreven a movilizarse… Por la razón que sea, lo cierto es que hoy mostraron su faz tosca a otra también tosca (la de la titular de la SEV).

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En febrero de este 2026, cuando el Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano (SIMVE) advirtió que no había más que un diálogo imaginario con el gobierno de Veracruz, tronó. El eje de la inconformidad fue el despido de trabajadores del llamado “Programa Vasconcelos” de esa Secretaría, y decidieron (como la Sección 32, este lunes 13) protestar en la puerta de la SEV.

Pero ahí la respuesta de la secretaria Tello fue exaltada, furiosa y virulenta. Y pese a que la gobernadora Rocío Nahle (como consta en una rueda de prensa que el propio Gobierno del Estado divulgó) dijo que esos trabajadores no tenían porqué perder su empleo, Claudia Tello decidió desobedecer abiertamente a la gobernadora, abstenerse de reinstalar trabajadores, cesar a dirigentes sindicales y exigir (a un sumiso Tribunal de Conciliación y Arbitraje y con la ayuda y “asesoría” de la Secretaría de Trabajo) la “cancelación” del registro del SIMVE; quizás, imaginando que no solamente logrará cancelar el registro de una organización sindical, sino también cancelar el derecho de los trabajadores de hacer otro sindicato si su registro es extinguido, a la fuerza.

No conforme, la SEV presentó denuncias ante la Fiscalía del Estado, exhibiendo que, para el régimen, la inconformidad tiene que ser criminalizada. Y así, por más incómoda que resulte Claudia Tello para el gobierno de Rocío Nahle, ahí sigue, despachando en el kilómetro 4.5. aunque desde el inicio de esta administración se vaticine su salida.

Ante todo lo que pasa, es inevitable preguntarse:

¿También van a cesar a los dirigentes del SNTE que “tomaron” la SEV, como cesaron a los dirigentes del SIMVE?

¿También los van a denunciar ante la FGE?

¿También va a demandar la SEV que les cancelen el registro sindical?

O ¿acaso el compromiso del dirigente nacional del SNTE de entregarle a Morena un millón de afiliados blinda a sus dirigentes seccionales cuando revientan contra gobiernos estatales ineficientes?

O ¿acaso hay un doble rasero?

Se trataría, entonces, de “justicia selectiva”.