Entre bloqueos, protestas y caos, México llega al Mundial; Canadá mantiene alerta de viaje por violencia

Share

A unas horas de la inauguración de la Copa Mundial de Futbol 2026, la Ciudad de México enfrenta uno de los escenarios más complejos de su historia reciente: una capital parcialmente paralizada por marchas, plantones y protestas sociales, fuertes operativos de seguridad, cierres viales masivos y cuestionamientos internacionales sobre las condiciones de seguridad en el país.

Mientras el gobierno federal y el capitalino buscan proyectar una imagen de organización ante millones de espectadores en todo el mundo, organizaciones sociales, sindicatos y colectivos han aprovechado la vitrina global del Mundial para visibilizar demandas que van desde mejoras laborales hasta la exigencia de justicia para víctimas de desaparición forzada.

El principal foco de tensión se encuentra en el Zócalo capitalino, donde integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) mantienen un plantón desde principios de junio en demanda de la derogación de reformas laborales y mejoras en el sistema de pensiones.

La protesta ha complicado la instalación y operación del FIFA Fan Fest, uno de los principales espacios de convivencia para aficionados durante el torneo. Reportes periodísticos indican que extensos cercos metálicos y dispositivos de seguridad rodean la Plaza de la Constitución, dificultando la movilidad de ciudadanos y turistas.

A la movilización magisterial se han sumado otros grupos sociales, incluidos transportistas, organizaciones campesinas, colectivos de familiares de desaparecidos y activistas por los derechos humanos.

Ante la magnitud del evento, las autoridades desplegaron un amplio operativo de seguridad alrededor del Estadio Azteca, sede del partido inaugural.

Los accesos al inmueble comenzaron a cerrarse desde la noche previa al encuentro, con restricciones al tránsito vehicular y peatonal en avenidas estratégicas del sur de la ciudad. Además, se implementaron esquemas especiales de transporte para los asistentes y controles de acceso reforzados.

El gobierno también determinó la suspensión de clases y la adopción de esquemas de trabajo a distancia para dependencias federales y centros educativos, argumentando la necesidad de reducir la presión sobre la movilidad urbana. La medida fue presentada como una forma de garantizar la seguridad y facilitar el desplazamiento durante la inauguración.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido las inversiones y preparativos realizados para el Mundial, uno de los proyectos internacionales más importantes de su administración.

Sin embargo, diversos sectores han criticado que se destinen miles de millones de dólares a infraestructura y logística para el torneo mientras persisten reclamos relacionados con salarios, servicios públicos y seguridad.

El gobierno federal ha insistido en que el Mundial representa una oportunidad histórica para mostrar la capacidad organizativa de México y atraer turismo e inversiones, aunque la coincidencia del evento con un intenso ciclo de movilizaciones sociales ha complicado ese objetivo.

En paralelo a los preparativos mundialistas, el gobierno de Canadá mantiene vigente una alerta de viaje para México debido a los altos niveles de criminalidad y secuestro en diversas regiones del país.

La recomendación oficial de Ottawa señala que los viajeros deben ejercer un alto grado de precaución y evitar desplazamientos no esenciales a varios estados afectados por la violencia del crimen organizado.

Asimismo, autoridades canadienses emitieron orientaciones específicas para los aficionados que acudirían al Mundial, recomendando privilegiar los traslados aéreos, evitar viajes nocturnos por carretera y mantenerse informados sobre la situación de seguridad en las distintas entidades mexicanas.

Una inauguración bajo presión

La ceremonia inaugural convertirá al Estadio Azteca en el primer estadio de la historia en albergar partidos de tres Copas del Mundo distintas, un logro que el gobierno mexicano ha presentado como motivo de orgullo nacional.

Sin embargo, la celebración futbolística llega acompañada de un clima de inconformidad social, bloqueos, operativos de seguridad extraordinarios y cuestionamientos internacionales sobre la situación de violencia en México.

La combinación de protestas en las calles, restricciones a la movilidad, tensiones políticas y alertas de viaje ha provocado que la inauguración del Mundial se desarrolle en medio de una ciudad que, para muchos de sus habitantes, luce más cerca del colapso que de la fiesta deportiva que el gobierno prometió mostrar al mundo.