Quebradero

Share

Encuestas

 

 

Por Javier Solórzano Zinser

Se pueden objetar las encuestas, pero son, sin duda, un referente que nos da idea de lo que perciben las sociedades sobre los gobernantes.

Son el referente más efectivo que se puede tener, a pesar de que en muchas ocasiones no reflejen lo que los ciudadanos piensan y deciden. Los ánimos son volubles y pueden cambiar en cualquier momento. Sin embargo, de que es el referente con mayor precisión a la mano no hay duda.

A la Presidenta le ha ido bien desde el inicio de su mandato en las encuestas, incluso las mediciones la colocan por encima de López Obrador. Se podrá plantear que muchas de ellas están hechas a modo o que son cuchareadas, pero lo cierto es que en la gran mayoría de ellas le va no solamente bien, sino muy bien.

En las encuestas que se han dado a conocer estos días no pareciera que la crisis en el gobierno haya hecho mella entre los millones de seguidores de la Presidenta. Más bien la gran paradoja es que parece que no pasa nada en cuanto a la imagen de la mandataria.

Lo que es una constante es que el reconocimiento personal a Claudia Sheinbaum no se extiende a la evaluación que hacen los ciudadanos sobre su Gobierno. En todas las encuestas, desde el inicio de su sexenio, es evaluada en diversas áreas de la administración de manera crítica.

Algo similar pasó con López Obrador a lo largo de su sexenio. Los ciudadanos pasaron de una especie de luna de miel, a una visión crítica de la gobernabilidad en áreas como educación, salud, economía, seguridad y corrupción.

Lo que llama profundamente la atención es que por más que se traten de minimizar las cosas, en lo que va del año el país ha enfrentado una serie de escenarios que nos han colocado bajo crisis, las cuales se extienden en diferentes áreas de todo el país.

No pareciera que, por lo menos por ahora, el tema Sinaloa y la narcopolítica tengan algún tipo de repercusión entre los ciudadanos como para que la Presidenta baje en los índices de popularidad. Si algún problema le pega en serio al país es la inseguridad ligada a los cárteles de la droga.

Con sus acusaciones EU le pegó a una de las zonas más sensibles y riesgosas que padecemos. El asunto no solamente pega con las denuncias, sino por lo que pudiera venir detrás de ellas siendo que la relación con EU en esta materia y otras es cada vez más complicada. Hemos ido perdiendo capacidad de maniobra y tendremos que dar, tarde que temprano, una respuesta que vaya más allá de la soberanía.

Independientemente de esto, la gran pregunta es que está viendo la gran mayoría de los ciudadanos que mantiene un alto nivel de aceptación por la Presidenta y su partido, en medio de tantos problemas, que en muchos casos son producto de la gobernabilidad del pasado sexenio y éste.

Una de las respuestas tiene que ver con los programas sociales. Nunca se había desarrollado una estrategia de cobertura tan amplia, para que, en particular los sectores más desprotegidos, pudieran tener ingresos como los que están recibiendo.

Si bien la 4T encontró, por decirlo de alguna manera, la cuadratura al círculo ya está enfrentando una gran cantidad de problemas en relación con los ingresos del país para poder satisfacer la cada vez mayor demanda de programas sociales. En muchos casos los programas no tienen un seguimiento de lo que se hace con el dinero. No se trata de ir persiguiendo a nadie, de lo que se trata es de crear productividad y posibilidades para los beneficiarios. El problema es que para el gobierno todo aquello de la productividad y competencia no pasa por su agenda.

Es un enigma lo que está pasando. No queda claro cuánto tiempo más podrá mantener su alto nivel de popularidad la Presidenta ante los escenarios que, a querer o no, tienen repercusiones, las cuales, quizá, todavía no estamos viendo.

RESQUICIOS.

Morena pareciera librar por ahora la mala imagen que tiene en algunos estados. La encuesta de El Universal le ubica con 40%, a diferencia del 34 que tenía en febrero, otro enigma.