Por Jesús Castañeda Nevárez
Era el 7 de mayo de 2020. La crisis del Covid-19 comenzaba a mostrar sus colmillos y el miedo no era solo por la vida, sino por la supervivencia. Con el país bajo llave, el sustento pendía de un hilo: empresas sin ingresos, trabajadores sin certeza y una nación entera esperando una señal de esperanza para no despertar, tras la pesadilla, en un México en ruinas.
Justo esa mañana, una frase cayó como agua helada sobre el ánimo social: «Que quiebre el que tenga que quebrar». Con esa sentencia, el Ejecutivo Federal dejó claro que no habría salvavidas para el sector productivo. Bajo el argumento de no rescatar «potentados», se ignoró que detrás de cada cortina cerrada había familias, empleos y el esfuerzo de toda una vida. Mientras la CONCAMIN reportaba que el 94% de las empresas estaban heridas de muerte y están en el rango de las micro, pequeñas y medianas, la respuesta oficial fue el abandono.
México salió adelante, sí, pero lo hizo por la fuerza y el valor de su gente; no por los aciertos de un gobierno que fue incapaz de aplazar siquiera el cumplimiento de obligaciones fiscales en el pico de la tragedia.
Esa falta de empatía se convirtió en sistema. La vimos en el desabasto de medicamentos que dejó a miles de niños con cáncer sin tratamiento, cuyas familias fueron revictimizadas y tildadas de «adversarias» por el simple pecado de exigir el derecho a la salud. La vimos en las madres buscadoras, que nunca lograron escarbar lo suficiente en los sentimientos de una administración sorda a su dolor.
Hoy, el mismo personaje que sentenció a los mexicanos al olvido con aquel «que quiebre quien tenga que quebrar», rompe su retiro. Lo hace dolido, pero no por México, sino por la situación en Cuba. Convoca a una causa «humanitaria» externa con una sensibilidad que nunca mostró por las víctimas de la pandemia, por los niños sin medicinas o por los desaparecidos en casa.
Algo no está bien. Romper el silencio desde el retiro es, en los hechos, rebasar por el acotamiento a la Presidenta de México. Su reaparición la expone y la debilita, cuando lo que el hombre debiera hacer es honrar su palabra, irse a La Chingada y dejarla trabajar.
Parece que seis años de poder absoluto no bastaron para saciar sus ansias. Hoy queda la sensación de que solo por el resultado electoral de aquel 2021 nos salvamos de despertar en la República Bolivariana y Castrista de sus sueños. Porka Miseria.