Marx Arriaga y el viaje

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Por Uriel Flores Aguayo

Tengo que dar referencias en el sentido de que fui miembro del Partido Comunista Mexicano y me formé en la ruta de los partidos de izquierda (PSUM, PMS y PRD) que derivaron en Morena. Sé de lo que hablo. Creí que comunismo y socialismo eran el estado superior al que deberíamos llegar en México. Conocí Cuba e hice actividades de solidaridad anti imperialista.

Esa cercanía con tales ideas moldearon mi visión de la vida e  intenté ser coherente con ellas. Me equivoqué rotundamente. Fueron laboratorios demenciales que terminaron en tragedias humanitarias. Ahora sé que no funciona el colectivismo y que el estatismo oprime a la sociedad. Pero lo viví y puedo hablar por experiencia. Me preocupa y enternece que haya todavía quien considere que esos modelos son alternativa de algo. Puede ser que lo tomen con ligereza, comodidad o cierto fanatismo.

Las expresiones y, ahora, actos de Marx Arriaga, son evidencia de haberse quedado en el viaje. Así decíamos antes cuando algún conocido estaba en estado de incoherencia o conmoción, comúnmente por algún tipo de droga. Se podría decir también que el viaje se realiza a través del tiempo. No conozco a detalle los nuevos libros gratuitos de texto, pero estoy al tanto del debate que a su alrededor ha existido; cuando leía algo de Arriaga, quedaba sorprendido de sus afirmaciones “ideologizadas” y sin rigor pedagógico. Es difícil aceptar tanta simulación entre el magisterio e incluso escuelas normalistas que recibieron acríticamente a este personaje. Su más reciente espectáculo abruma si pensamos en que fue el coordinador de esos libros. Algo debe estar muy mal al respecto.

Quedó claro que no sabe de educación, que mezcla la función pública con la militancia política, que es portador de una ideología ya inexistente en el mundo y que no respeta a las instituciones. Es un asunto vergonzoso y preocupante.

La Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas se derrumbó en 1991, el Partido Comunista Mexicano fue disuelto en 1981, el muro de Berlín se derribó en 1989. El desfase de Cuba con la desaparición del llamado socialismo real es de 35 años; tiempo de agonía y sufrimiento popular. China y Vietnam mantienen el control político de forma centralista, pero abrieron sus economías y, con eso, han progresado mucho.

El Marxismo de Arriaga no existe en ningún lugar, por tanto es ficticio y fantasioso. En México, esa teoría se quedó fuera del Partido Comunista mucho antes de su disolución y fue evolucionando al socialismo democrático para concluir en el nacionalismo progresista. Casi nadie en nuestro país reivindica al marxismo: la historia muestra que no funcionó. Tampoco es base programática en los gobiernos de lo que fue la Unión Soviética, empezando por Rusia.

Algo de forzado o de simulación hay en Arriaga cuando habla de sus imaginarias luchas. Es algo que el partido en el gobierno debe atender para significar algo mejor. No bastan las generalizaciones ni las consignas: si no es algo de nuestra historia y de la realidad, simplemente es artificial y no trasciende. Tenemos el caso de la palabra camarada que se utilizaba en los entornos comunistas, de origen en la URSS y, por imitación, en los partidos comunistas. Decirla ahora es incorrecto y hueco. Nadie le dice a la Presidenta Claudia “compañera Presidenta”, excepto el millonario Noroña, que lo toma oportunistamente del “compañero Presidente” con el que se nombraba a Salvador Allende. Cuando se usa, inventando, un lenguaje que no está arraigado en la sociedad, lo más seguro es que no se entienda y no sea útil.

Morena, en tanto partido y como gobierno, debe hacer un esfuerzo intelectual que implique estudio, reflexión y claridad teórica para dotar de significado conceptual y sentido concreto a sus militantes y gobernantes. Tiene la obligación de hacerlo. Se entiende que es partido nuevo y que acumuló mucho poder rápidamente, que gran parte de sus integrantes no vienen de tradición de lucha, ideales e ideas. Eso lo limita para hacer cosas diferentes. Deben iniciar por la autocrítica y abrirse al debate serio y de altura, constructivo por supuesto. O serán más de lo mismo.

Recadito: camina bien y rápido la política seria en el Ayuntamiento de Xalapa.