Insinuaciones
Por Javier Solórzano Zinser
No lo dijo, pero lo insinuó. La Jefa de Gobierno capitalino se metió en terrenos escabrosos en los temas sobre el flujo informativo y la libertad de expresión.
Exhortar a los medios de comunicación a que no les den tanta atención a los temas de violencia, que de siempre ha sido un asunto que genera críticas, porque de manera inevitable se le liga con conceptos clave de la sociedad como la libertad de expresión.
Las cifras que ha presentado el Gobierno capitalino respecto a la violencia en algunos casos se han manifestado a la baja, comparativamente con lo que se ha vivido durante años con los gobiernos de izquierda en la capital.
Sin embargo, los números no necesariamente están retratando la percepción bajo la cual vive cada ciudadano. Se podrá decir que se han atemperado los hechos delictivos, pero lo que se vive en las calles y en las viviendas adquiere una dimensión distinta.
Entramos en los terrenos siempre controvertidos de las percepciones. Al final van aparejadas con lo que el ciudadano vive y ve, lo cual se define en términos de los temores que se extienden en su entorno.
Hace algunos días nos decía la destacada especialista en materia de temas de seguridad Sofía Huett, que los gobiernos, federal-estatal, no han entendido la dimensión que adquiere la percepción. Lo que se vive termina por ser lo que es, por más que las cifras digan otra cosa.
El flujo informativo de estos temas, además de que retrata la vida ciudadana, siempre ha sido de una singular importancia para la audiencia. Nos movemos entre la atención y el morbo, a lo que se suma que son temas de gran rentabilidad para los medios, las redes y para las conversaciones; de alguna manera son fotografías de nosotros.
Muchos noticiarios tienen secciones dedicadas ex profeso a ello. Por un lado, está la atención que causan en función de la vida propia y por otro, el morbo que inevitablemente producen.
Se han llevado a cabo muchos intentos por tratar de informar lo menos posible o, de plano, no reportar sobre estos temas. No hay manera porque la terca realidad nos pasa por todos lados. Los espacios dedicados a estos hechos son al fin y al cabo parte de la cotidianidad ciudadana.
Cada medio sabrá cómo hacerle. Buscar acuerdos para hablar lo menos posible de estos temas a lo que nos lleva es a cerrar los espacios que tienen que ver, no solamente con los hechos delictivos, sino con todo lo que rodea a la violencia cotidiana.
Es probable que la Jefa de Gobierno haya caído en cuenta de lo que significa insinuar que los medios actúen de manera diferente. Durante seis años López Obrador se dedicó a denostar a los medios y a los periodistas, Claudia Sheinbaum lo ha hecho en menor medida.
Lo que puede haber de fondo es decirles a los medios lo que tienen que hacer, lo cual es un sinsentido, porque pueden prevalecer miradas unilaterales de la cotidianidad, del país y de la vida.
La sociedad requiere de un flujo informativo que se base en la información y en los hechos, dejando los criterios selectivos en las audiencias, a las cuales presumiblemente tanto defienden los medios del Gobierno.
Son difíciles los acuerdos cuando los medios y los periodistas nos la hemos pasado bajo el golpeteo. Sin embargo, con todas las críticas que merecen los medios ha habido avances tratando de prevenir a las audiencias sobre ciertos temas.
Es difícil no hablar de ciertos temas cuando nos dan en la cara. Lo que puede hacer diferentes las cosas es cómo se hacen. Es definitivo que al hacer públicos estos temas hablamos del entorno bajo el cual vivimos.
RESQUICIOS.
El informe mundial 2026 de Human Rights Watch plantea que con la aprobación de la Reforma Judicial los derechos humanos se podrían socavar. La Presidenta heredó graves problemas. México sigue siendo uno de los países más peligrosos para los periodistas y defensores de los derechos humanos.