Quebradero

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Se viene el fin del T-MEC

 

Por Javier Solórzano Zinser

El hecho de que México no entrara directamente en la nueva aplicación de aranceles por parte de Donald Trump no debe provocar “festival” alguno.

Estamos cruzando un largo camino que va a durar cuatro años. Trump sabe que no puede alterar de manera unilateral las reglas que conforman el T-MEC. Lo que quedó muy claro, ayer es que quiere desaparecerlo por considerarlo el peor acuerdo que ha firmado EU.

Sin embargo, no puede hacerlo de manera unilateral por las consecuencias que tendría para su país, evidentemente también para Canadá y México, en términos de las propias reglas del tratado. Lo que parece ser un hecho, es que el futuro del T-MEC nunca había sido tan incierto como lo está siendo ahora.

El que nuestro país no haya sido referido de manera directa en cuanto a la aplicación de los aranceles, no quiere decir que no se nos vengan nuevas disposiciones y presiones por parte de Trump. Desde hace dos meses se vienen aplicando aranceles a México en materia de acero y aluminio, somos uno de sus tres más importantes exportadores en la materia.

A esto hay que sumar el impuesto a los automóviles que adelantó hacia final de la semana pasada. Sumemos el 25% que le va a aplicar Trump a las latas de cervezas y refrescos, las cuales tienen en México a uno de sus principales exportadores hacia EU.

En sentido estricto, no hemos librado los riesgos. Más bien ayer, con las declaraciones presidenciales sobre lo que piensa del T-MEC se abrió oficialmente un frente al cual habrá que enfrentar en el corto plazo, porque no pareciera que la revisión del tratado pudiera llegar al 2026. Más bien queda la impresión de que a principios del segundo semestre será tema de discusión, confrontación, intercambio de opiniones y hasta su eventual rompimiento.

El futuro pareciera colocarnos con un acuerdo bilateral con EU. Lo que va quedando claro es que Trump ya no quiere ningún tratado y que va a buscar la manera de terminar lo más pronto posible con el actual.

Estamos ante el intento más acabado de las últimas décadas de cambiar el orden económico internacional. Trump es un enemigo abierto de la globalización. Si bien quiere el mercado libre, lo quiere que sea a su manera. Ayer no sólo se le envió al mundo un mensaje económico, se envió también una pieza clara de índole político-ideológico.

Quiere que EU tenga la hegemonía del mundo y por el camino que va es probable que la alcance, sin pasar por alto a las muchas reticencias que podrían venir de Europa, China, y quizá de Rusia. América Latina en este sentido queda a la deriva, pero también se abre una posibilidad realmente grande de poder entrar en un proceso de intercambio comercial como nunca lo habíamos tenido en la zona.

La incertidumbre del mundo también es para EU. Con todas las medidas internas que está tomando Trump se ha venido abriendo un espacio a la protesta y a la abierta discrepancia interna. La posible salida de Elon Musk de la Casa Blanca pudiera deberse a que se encargó de despedir a todos los que quería hacer a un lado y cerrar dependencias de una manera altamente riesgosa, como es el caso de la educación.

Es probable que Musk ya haya hecho el trabajo sucio y por ello se convierte en una pieza prescindible, sin dejar de estar muy cerca de Donald Trump.

Más que respirar, tenemos que admitir que ayer no fue nuestro turno. La semana pasada nos tocó una prueba más de lo que nos espera, y en función de como se están dando las cosas nuestra siguiente parada, con la aplicación de eventuales nuevos aranceles, será la revisión del T-MEC que está cerca de sus honras fúnebres.

RESQUICIOS.

Ayer conversamos con el abogado de Fabiola “N”, la mujer presuntamente agredida por el diputado Blanco. Nos dejó en claro que el asunto no ha terminado, que están esperando el nuevo armado de la carpeta contra el exfutbolista para presentarla de nuevo en diputados. Nos aseguró también que el impresentable priista Cavazos será demandado.