Quebradero

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El disparejo piso

Por: Javier Solórzano Zinser

La insistencia de la oposición en exigirle al INE y al Presidente que haya piso parejo en el proceso electoral no es una necedad.

López Obrador no ha dejado de hacer campaña en su vida política. Lo hace, porque está en su naturaleza y porque entiende la importancia que tiene que todo el tiempo esté metido en el imaginario colectivo.

Para nadie fue una sorpresa que Claudia Sheinbaum fuera su candidata. El Presidente supo mover los escenarios y se sabía hacia dónde estaba dirigida su decisión. La encuesta de Morena fue la confirmación de lo que el Presidente se encargó de hacer durante años y, sobre todo, de lo que él quería que pasara.

La decisión no iba a cambiar de no ser por algún imponderable. Marcelo Ebrard nunca fue el primero de la lista para sustituir al Presidente por más que se jactaba de ello. El excanciller hoy se ve perdido, diluido y muchas veces pasando de largo. Da la impresión de que ni siquiera pudo cobrar su muy previsible derrota.

Si el Presidente tuvo desde el inicio de su administración a su sucesora en su mente era previsible que “jugando” con la pluralidad de las corrientes del partido ya tuviera una decisión tomada que lo único que requería era tiempo para mostrarse como el fiel de la balanza.

Técnicamente no era posible colocar el tema de la sucesión antes, porque además de que el Presidente hubiera tenido una distracción, los aspirantes se la hubieran pasado en un conflicto que al final no pudo ser evitado, sobre todo, de parte de Marcelo Ebrard a la “señora”. Son asuntos internos que cada partido lleva a su manera, siempre y cuando no violen las leyes electorales.

A lo largo de este tiempo pasaron muchas cosas que no contemplan las leyes, pero desde mediados del año pasado el marco legal que tenemos para las selecciones de candidaturas fueron soslayadas.

El Presidente adelantó los tiempos desde el poder. La oposición trató de no dejar un vacío y después de ires y venires colocó a una candidata, al igual que la de Morena, fuera de los tiempos electorales. Las irregularidades empezaron desde el poder y tuvieron en la oposición una réplica.

MC trató de comportarse, pero hizo muchas cosas mal, lo cual vino a repercutirles. Samuel García se fue de trompicón en trompicón y terminó de manera singular colocando a su “compadre” Máynez como su sustituto a la candidatura de MC a la Presidencia.

Desde hace varios meses el INE anda tratando de que los partidos se apeguen a las leyes electorales. Ha sido una carrera entre la irregularidad y los intentos del Instituto por tratar de no quedarse fuera y buscar cómo diseñar las cosas en un marco legal o en un intento interpretativo de las leyes.

Desde el poder, el Presidente se ha encargado de hacer campaña para su candidata. Apela a que lo inhiben o le coartan la libertad de expresión cuando se refiere a temas electorales o a la candidata de oposición. Lo que hace el INE es aplicar las leyes que, paradójicamente, él mismo exigió en su carácter de opositor.

Nuestro actual sistema electoral requiere de una gran transformación. A lo que se va a sumar la experiencia del proceso electoral en el que estamos. Sin embargo, por ahora, nuestras leyes son las que rigen el proceso en curso.

El Presidente debe ser el primero en acatarlas. La exigencia del piso parejo no tiene que ver con limitar las libertades del Presidente. Tiene que ver con el marco legal para el proceso electoral que es a todas luces de enorme importancia para la ciudadanía.

El Presidente López Obrador es la máxima figura política del país y además poderoso. Nadie le pide que se quede callado, lo que se le exige es que respete las reglas que permitan que todos los candidatos compitan en igualdad de circunstancias, sin importar si son de los suyos o no.

RESQUICIOS.

Por más insinuaciones que haya entre la oposición, PAN-PRI-PRD, y MC no hay futuro. Máynez no va a dejar su candidatura y, del otro lado, los ofrecimientos de Alito no llegan ni a la esquina.