Insensatez 

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Por Raúl Arias Lovillo

La polarización social que vive nuestro país desde hace algunos años ha significado una absoluta insensatez. Por supuesto nadie gana con esta confrontación, pero quien realmente pierde es la ciudadanía. Llamar a la conciliación ahora es tiempo perdido, cuando menos a estas alturas de la disputa política y todo parece indicar que en los próximos meses, cuando el país esté metido de lleno en las campañas electorales, la polarización social alcanzará su máximo nivel.

Me parece una insensatez mayor la pasiva aceptación, o incluso la celebrada aprobación, de todas las acciones del gobierno morenista por sus partidarios. Si bien es cierto que nadie, absolutamente nadie se hace hoy responsable en el gobierno de sus propios desaciertos, tampoco existe el mínimo sentido crítico de sus seguidores para valorar las terribles consecuencias de las políticas gubernamentales. Veamos dos ejemplos, de muchos que hoy sufrimos en México, que desnudan por completo el irracional apoyo de los seguidores de AMLO.

El primero es el tema de la salud. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en nuestro país hay más de 50.4 millones de mexicanas y mexicanos que no cuentan con servicios de salud, es decir, el 39.1% de la población; hace apenas cuatro años 16.2% (20 millones) de compatriotas se encontraban en esta situación; en otras palabras, la carencia por acceso a servicios de salud aumentó 152% de 2018 a 2022. El desastre también se puede ilustrar con otro dato oficial: en el 2018, México contaba con uno de los cuadros más amplios de vacunación gratuita de todo el mundo, sin embargo, en los últimos cinco años cayó en un 70% la aplicación de vacunas para la infancia; hoy solamente tres de cada 10 menores cuentan con un esquema completo de atención. Existen otros datos no menos preocupantes como la desaparición del Fondo de Salud para el Bienestar (Fonsabi), que contenía el ahorro destinado a atender las enfermedades más costosas, como el cáncer o la diabetes y que se desvió para pagar gasto corriente; la escasez de medicamentos es otro dolor de cabeza que trató de resolverse con la ocurrencia de la mega farmacia, un proyecto inútil que ha costado dos mil millones de pesos y que según los datos del gobierno sólo surte cinco recetas al día. Los seguidores de Morena hacen caso omiso de esta enorme tragedia de la salud nacional.

El segundo ejemplo es el de los organismos autónomos que el presidente AMLO se ha empeñado en desaparecer para fortalecer la autocracia frente a nuestra endeble democracia. En la lista de estos organismos se encuentra el INE (Instituto Nacional Electoral) que cumple un importante papel en la organización y fiscalización del proceso electoral. La COFECE (la Comisión Federal de Competencia Económica) se encarga de regular entre las empresas la libre competencia para evitar que los monopolios eleven los precios de los bienes. El IFETEL (Instituto Federal de Telecomunicaciones) también regula el enorme poder económico de las empresas de este sector, como las televisoras y las emergentes de medios digitales. El INAI (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales) que garantiza la transparencia gubernamental y el legítimo derecho a la información de la ciudadanía. Todos estos organismos son fundamentales para nuestra vida democrática, pero resultan sumamente incómodos para la opacidad del gobierno.

Estos dos ejemplos, la tragedia sanitaria del país y la ofensiva contra los órganos autónomos, ilustran de manera muy clara las intenciones del presidente AMLO de consolidar su poder omnímodo y su voluntad para decidir en el nombre de millones y millones de compatriotas en temas realmente sustantivos. No sorprende, por supuesto, que las decisiones erróneas de AMLO estén en el centro de la responsabilidad del desastre que vivimos en el sector salud. Como tampoco sorprende el ataque presidencial a los órganos autónomos. Se trata de su estilo personal de gobernar.

Sin embargo, no se puede pasar por alto que los seguidores del presidente y de Morena ni siquiera se inmuten ante la crisis sanitaria de la sociedad mexicana, o que tampoco levanten la voz ante las consecuencias de la desaparición, por ejemplo del INAI. No se inmutan ante la gravedad de estos hechos. Por el contrario, de manera insensata se apuesta por la continuidad de la cuarta trasformación que solo deja deudas, obras costosas e inútiles, militarización, violencia e inseguridad, mayor pobreza y autoritarismo. ¿Qué nos pasa?