Distribuir socialmente el conocimiento  

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Por Raúl Arias Lovillo

La semana próxima pasada dijimos que si el gobierno asumiera la importancia de las herramientas digitales y apoyara a las universidades del país con su uso intensivo, tendría un camino seguro para resolver el problema de la obligatoriedad de la educación superior que se establece en la nueva ley general de educación superior.

En esta ocasión vamos a insistir en la idea de impulsar una universidad que contribuya al desarrollo de su entorno. Se trata de presentar las enormes potencialidades que tiene la llamada tercera función universitaria, denominada “vinculación universitaria”, “responsabilidad social universitaria”, “misión social de las universidades”, entre otras denominaciones. En la UV decidimos llamar a esta función la distribución social del conocimiento.

Esquemáticamente, esto corresponde a la evolución histórica que ha tenido la propia universidad. En sus inicios todas las instituciones universitarias centraron sus esfuerzos en la formación de recursos humanos a través de otorgar títulos y diplomas para el ejercicio profesional de las personas; en un segundo momento, las capacidades universitarias se orientaron al desarrollo de la investigación científica, tecnológica y humanística; hoy los especialistas subrayan la importancia de que las universidades contribuyan al desarrollo de su entorno, apoyando a los diversos sectores sociales a resolver sus problemas. La relevancia de una universidad en nuestros días -destacan los especialistas- es la contribución que tienen precisamente en la solución de los problemas sociales de su entorno inmediato. Esto de ninguna manera quiere decir que ya no sean importantes las funciones de docencia e investigación que realizan las universidades, al contrario hoy la capacidad de contribuir al desarrollo social depende de la calidad de su trabajo docente y de las capacidades de investigación que tengan las instituciones universitarias.

Esta tercera función universitaria es particularmente importante en la llamada sociedad del conocimiento. En un esquema de participación entre empresas, sociedad civil, gobierno y universidades, se pueden encontrar soluciones a problemas importantes. Vamos a presentar tres casos desarrollados en la UV que distan mucho de ser ejemplos de una universidad neoliberal.

  1. En las “Casas de la UV”, ubicadas en zonas de pobreza y marginación de Veracruz, brigadas multidisciplinarias de estudiantes y académicos proporcionan servicios de salud de atención primaria, análisis clínicos y servicios dentales; así también se impulsan proyectos productivos y asesoría para diversificación productiva; en sus centros digitales de aprendizaje se realizan programas de capacitación, niños y jóvenes se conectan con el mundo a través de internet. La población vulnerable atendida alcanza 514 localidades del estado y a cerca de 120 mil personas como beneficiarios. Este programa fue reconocido durante siete años de manera consecutiva por el gobierno mexicano como el mejor programa de servicio social universitario, así también en el 2012 la Red Talloires de Universidades otorgó el premio MacJannet Prize, uno de los premios internacionales más prestigiados que se entregan a las universidades por su compromiso social.
  2. Entre 2006 y 2009 la UV lidera la Asociación Mexicana de Centros para el Desarrollo de la Pequeña Empresa (AMCDPE). Desde el inicio se advierte la enorme oportunidad de contribuir al desarrollo de estos centros para el desarrollo de la pequeña empresa a través de ofrecer capacitación, asesoría y transferencia de tecnología desde las universidades. Con esta inspiración la AMCDPE construye un programa de capacitación basado en una de las mejores prácticas internacionales de apoyo a las pequeñas empresas: la metodología de los Small Business Development Centers (SBDCs) de los Estados Unidos. Al término de la gestión, cerca de 500 asesores de PyMEs cursaron las seis ediciones del diplomado para directores y asesores de SBDC de México y se fortalece la red nacional de estos centros al pasar de 12 a 83 centros. Estos resultados exitosos fueron reconocidos por la sexagésima Legislatura Federal como el mejor programa de vinculación universidad-empresa del país.
  3. DIPROCAFE fue un proyecto de la UV financiado por la ONU a través del Common Fund for Commodities y la Organización Internacional del Café, el gobierno de Veracruz y aportaciones de los municipios de Zococolco y Atzalan, entre 2006 y 2010. Su propósito era generar riqueza y empleo remunerador en el campo a través de la diversificación productiva, desarrollando empresarialmente a los productores marginales de algunas localidades. La producción y organización mediante redes de valor, optimiza las fuentes de ingreso de los productores asociados, obtienen ventaja económica de la diversificación de los cultivos, al mismo tiempo que reducen la presión destructiva sobre el medio natural. La ONU clasificó este proyecto como ejemplar para luchar contra la pobreza rural.

Estos ejemplos muestran la importancia de una universidad pública, que bien apoyada financieramente y respetando su autonomía puede contribuir al desarrollo de Veracruz. Esto, por supuesto, no podría hacerlo ninguna universidad del bienestar.