El teatro, arte vivo y evocador

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Por Sandra Luz Tello Velázquez

Rito, mito, poesía, danza y música, el teatro nació como parte de las celebraciones de la Vendimia, fiesta dedicada al Dios Dionisio. Las primeras escenificaciones eran tragedias que se transformaron en una mezcla de ritual y éxtasis, el alimento del espíritu como medicina para las penas recreadas en el escenario.

El teatro es evocador, ya que la primera vez que se asiste a una puesta en escena es imposible permanecer impávido, el espectador siente y se ve representado en la historia, los personajes, los estímulos de las palabras, la sociabilidad y la posibilidad de verse reflejado en otros.

Al arte dramático es literatura viva, pues desde una tragedia, drama, comedia o teatro musical brinda espacios de libertad en los que se demuestra un profundo respeto a la imaginación: se abren las posibilidades para que el público experimente lo que este espectáculo ofrece, la ilustración de lo intangible, de lo abstracto y la interpretación de un mundo complejo.

El teatro nos exige estar abiertos a la diversidad de pensamiento, a la innovación de la creación artística. Incluso en tiempos oscuros se ha constituido como una manifestación de las acciones humanas, la puerta abierta para desarrollar el pensamiento crítico, el libro lleno de enseñanzas y el poder ancestral, mágico que leva a los espectadores al encuentro con la cultura y el arte.

Por lo anterior, desde 1962, cada 27 de marzo se celebra el Día Mundial del Teatro, para reconocer la unión de lo individual con lo plural, de lo consciente con lo absurdo y demostrar que se pueden romper barreras, encontrar soluciones o respuestas en alguna representación humorística o dramática, porque el teatro es arte e instrumento para el entendimiento de las personas.