Quebradero

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En el día después

 

Por Javier Solórzano Zinser

López Obrador no va a cambiar su narrativa sobre la forma en que ve a la oposición. Por más que se llene el Zócalo para el Presidente nunca será suficiente en función de lo que piensa de las cosas y de cómo él ha desarrollado una estrategia en la que las calles y el Zócalo han sido sus espacios naturales para la protesta y actos de gobierno.

Lo que ya no se puede pasar por alto es que ha crecido una visión distinta de las cosas de las que tiene el Presidente. López Obrador podrá tener una mirada crítica de la oposición e incluso ser irónico sobre la forma en que un importante sector de la sociedad se manifiesta, pero a estas alturas no tiene sentido ser despectivo o minimizar la participación de un importante grupo de ciudadanos que está mandando mensajes en que además de ser crítico hacia actos de gobierno también lo está siendo hacia el propio Presidente.

López Obrador no puede pasar por alto las recientes manifestaciones. No se trata de ver quién llena más el Zócalo, lo que está a la vista es que las movilizaciones han mandado un claro mensaje que en términos del ejercicio del poder debe ser atendido.

No se trata de que el gobierno cambie sus estrategias. Lo que está en juego es cómo poder buscar una cohesión social que permita una mejor gobernabilidad y que además parta de una variable fundamental: el Presidente gobierna para todos y no solamente para aquellos que son sus seguidores bajo la premisa en que todo lo que diga el Presidente es válido y poco o nada se preguntan por lo que otras voces manifiestan respecto a la gobernabilidad.

Es cierto que el país ha estado dividido y que ha tenido altísimos niveles de desigualdad. En los últimos años todo esto ha sido puesto en evidencia. Está claro que la pobreza la traíamos de muchos años en las espaldas, pero también está claro que los últimos años las cosas no han terminado por dar un giro que permitiera que la dinámica social cambiara.

El lema de primero los pobres ha sido uno de los grandes aciertos del Presidente. Sin embargo, las cosas no han dado el giro que se planteó como proyecto de gobierno. La pobreza no ha disminuido y a pesar de la importancia de los programas sociales del gobierno las cosas se mantienen bajo una dinámica en donde el país en lugar de ser menos pobre todo indica que está siendo más pobre.

La división interna ha ido creciendo. Es cierto que el Presidente conserva una gran popularidad lo que lleva a que amplios sectores de la población seguramente terminen votando por su proyecto en el 2024. Habrá que ver quién es la o el candidato, porque eso va a determinar de manera significativa la decisión de un buen número de ciudadanos.

Lo que el Presidente y ya no puede pasar por alto es lo que está pasando con otro importante sector de la población. No se trata sólo de la manifestación del domingo, se trata también de amplios sectores de la población que están haciéndose valer bajo una mirada crítica del gobierno y de las formas que utilice el Presidente para gobernar.

No tiene mucho sentido, bajo las actuales condiciones, dividir al país en dos. La razón central está en que está en el Presidente la posibilidad de una cohesión social, que no significa que todos pensemos de la misma manera, sino más bien que entendamos nuestras diferencias, pero que entendamos también que el Presidente gobierna para todos.

La manifestación del domingo es una señal de un amplio sector de la población. El Presidente no va a cambiar su narrativa, pero es un hecho que van apareciendo posiciones más críticas respecto a su gobernabilidad.

Atenderlas es pensar en el país. Pasarlas de largo es perder de vista la perspectiva histórica.

RESQUICIOS.

En Oviedo se llevó a cabo una nueva votación para el salón de la fama del futbol. Más allá de quiénes fueron electos lo importante es que se trata de reconocer a aquellos y aquellas que nos han llenado de emociones, tristezas y pasiones; el futbol es lo más importante de lo menos importante.