Quebradero

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No basta con la indignación

Por Javier Solórzano Zinser

Por más que el asesinato y agresión a las y los periodistas sean hechos recurrentes, lo sucedido a Lourdes Maldonado no debe dejar de indignarnos.

Repitamos, somos de las dos o tres naciones en el mundo, en donde los periodistas son de los más agredidos, violentados, intimidados y asesinados.

Si hace algunos años, en el absurdo, se le declaró la “guerra” al narcotráfico para luego decir que siempre no, no quiere decir que, en el país, en algunas zonas, se viven situaciones al límite.

Cualquier periodista que lleve a cabo su trabajo, en algunos estados del país, corre todo tipo de riesgos por la gran cantidad de factores que definen la vida en muchas comunidades, y también por la escasa protección que se tiene.

El riesgo de ejercer el periodismo en nuestro país sigue sin ser debidamente aquilatado y entendido por los gobernantes. Por lo general, sus reacciones tienden a ser distantes, se expresa la solidaridad que en muchos casos suena hueca, a lugar común o se trata de minimizar los hechos bajo narrativas en donde se argumentan razones, insinuando la vida privada de los propios periodistas, como un factor.

A esto sumemos un hecho particularmente lamentable, el cual termina por explicar las condiciones bajo las cuales se ejerce el periodismo: de cada 10 asesinatos de periodistas, 9 quedan en la impunidad.

Si algunos tienen claro este panorama, son quienes perpetran la violencia contra los periodistas. Saben que pueden hacer materialmente lo que quieran, porque las cosas van a seguir igual.

Les queda claro que no los van a perseguir o van a hacer como si los persiguieran, lo que les permite seguir en la impunidad, a la vez que seguramente quienes materializaron la agresión, serán “compensados” con cualquier cantidad de dinero por haber hecho lo que hicieron.

En medio de la conjunción de intereses, agreguemos la pasividad de los aparatos de justicia, la lentitud para armar las carpetas de investigación, el desinterés de las autoridades y, en muchos casos, también la falta de solidaridad de las empresas de los medios en su caso, y habrá que reconocer que también la del gremio.

Los terrenos de la censura son escabrosos. Con cierta razón se habla de que han cambiado los tiempos; sin embargo, existen terrenos que no son fáciles de superar y distinguir. Reconociendo algunos cambios significativos que se han dado estos años, no deja de ser una relación de mutua interdependencia y mutua complicidad.

No es lo mismo desarrollar el ejercicio periodístico en las grandes ciudades y en los grandes medios, que hacerlo a través de portales, en pequeñas comunidades y en lugares en donde entre el poder político y la delincuencia organizada, existen singulares relaciones de “convivencia” y complicidad.

En el caso de Lourdes Maldonado, llama la atención cómo el Gobierno pidió hasta cierto punto mesura y no adelantar juicios. Lo paradójico es que a menudo se señala desde el Gobierno a presuntos responsables como culpables, sin todavía conocer exactamente el desenlace de los casos.

Lourdes Maldonado denunció, en varias ocasiones, las intimidaciones y amenazas que estaba viviendo, incluso se lo dijo al Presidente en una mañanera.

Es cierto que no tiene sentido señalar sin pruebas, pero lo que está demostrado es que, en las investigaciones ante este tipo de asesinatos, el trabajo periodístico, en este caso el de Lourdes, debe marcar las principales hipótesis sobre las agresiones o los asesinatos.

Es importante la indignación, pero no basta. Es el momento de cambiar las cosas, y todo apunta a que, si no lo hacemos, las y los periodistas seguiremos en la impunidad y en el no pasa nada.

RESQUICIOS

Si de por sí lo que se vive en parte del estado de Morelos es un polvorín, la bronca entre el endeble gobernador y a quienes ha demandado, que al mismo tiempo han demandado al mucho mejor futbolista que político, es de pronóstico reservado. No puede no pasar nada, aunque el aspirante a técnico del América tenga la venia de yzq.

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