Quebradero

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El desdén

Por Javier Solórzano Zinser

Nada cuadró en la comparecencia del afamado vocero. De entrada, la oposición no debió aceptar que se llevara a cabo a puerta cerrada en la Jucopo (Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados).

Quizá no había de otra porque en Morena se han dedicado a cuidar a un funcionario cuestionado, a menudo por filias y fobias, pero en muchos casos por su trabajo y su desdén hacia quienes no piensan como él o quienes le critican; el lunes además si algo evidenció es que parece tener la piel delgada.

Morena dejó pasar las cosas y en algún sentido se lavó las manos. Como suele pasar con los partidos en el poder cuando funcionarios de su gobierno son señalados lo que hacen es ejercer la crítica debajo de la mesa, pero, ay de aquella o aquel que se atreva a hacerlo públicamente.

La figura del afamado vocero se ha venido deteriorando. Los resultados que ha arrojado la acción de gobierno contra la pandemia son desiguales. No tiene sentido escatimar lo que se ha hecho bien, pero el gran problema que nos ha estado atrapando está en lo que no se ha hecho.

La fuerza y poder del presente gobierno llevan a que en muchas ocasiones todo lo que merezca la crítica ante evidencias claras la lleven al olvido. Su poder del discurso puede hacer que en muchas ocasiones hechos no comprobables los conviertan en verdades.

Muchas de las declaraciones del vocero merecerían una revisión y análisis al interior del propio gobierno por sus profundas contradicciones. Queda la impresión de que al paso del tiempo el vocero de ser un destacado científico optó por tratar de mejor asumirse como político y hasta ideólogo.

El proceso ha salido caro, porque además de que no ha perdido el más mínimo apoyo del Presidente, aunque se digan muchas cosas en su contra en voz baja, algunas de sus declaraciones han confundido y desinformado.

Ha tratado a toda costa de quedar bien con el Presidente sin medir los costos, como aquella declaración, una de muchas, de que 60 mil personas fallecidas sería una catástrofe; vamos en más de 600 mil muertes.

La comparecencia era una oportunidad de intercambio de opiniones. No se trataba de colocar al vocero contra la pared y si así hubiera sido, presumimos que tiene los arrestos para defenderse. Se trataba de que nos explicara, a través de las y los legisladores, cuál es el estado de las cosas y que escuchara las voces de quienes no piensan como él, porque la verdad en la pandemia y en la vida es un tema colectivo y no de una sola persona.

En el fondo subyace también una situación que ha aparecido con mayor frecuencia. Al gobierno le cuesta trabajo dialogar y aceptar la opinión de los otros. Un signo favorable pudiera ser el diálogo en Gobernación con los partidos políticos, habrá que ver hasta dónde llega y esperar que no termine siendo parte de una estrategia en donde las conclusiones sean que está visto que no nos entendemos.

Es un indicador importante, pero en otras circunstancias hemos visto que no se avanza. El caso del CIDE está cada vez más revuelto y en buena medida se debe a que seguimos siendo de la idea de que se quiere arrebatar más que conciliar y entenderse.

En este marco hubiera sido de enorme relevancia un diálogo en la comparecencia del vocero para escuchar y escucharse sobre uno de los problemas más grandes y graves que enfrenta el mundo.

Sorprende que un personaje de “izquierda”, que ha crecido en medio de avatares de luchas políticas, no asuma el valor del diálogo y más en un escenario como en el que estamos.

No quería que lo grabaran y a lo mejor que ni le preguntaran, todo ello en medio del desdén, la complacencia de Morena y una oposición confusa, difusa, diluida y perdida.

RESQUICIOS

La Corte suspendió el acuerdo del Presidente en que se pretende blindar la reserva de información sobre las obras públicas, el Inai tiene razón. Esto no significa que se suspendan las obras. Primer capítulo de un largo litigio por venir, aunque desde el Senado se diga otra cosa.

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