Quebradero

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La perfilada

Por Javier Solórzano Zinser

El destino de Claudia Sheinbaum está inevitablemente ligado al de López Obrador. No sólo por una larga identidad y empatía, sino porque lo que al final termine siendo el sexenio será fundamental para las aspiraciones de la Jefa de Gobierno.

El Presidente echó a andar el futuro de su sucesión con gran antelación. Echó también de manera previsible confrontaciones internas que ya están alcanzando a Morena. El partido del Presidente está en medio de enfrentamientos ante los cuales pudiera ser que llegado el momento de la decisión por la sucesión pudieran provocar una confrontación interna ante la cual no necesariamente el tabasqueño pudiera decidir a sus anchas, por más que sea su deseo y convicción sea el de la continuidad de su hoy todavía inacabado proyecto; Paco Ignacio Taibo se ha dedicado estos días a darle una buena repasada a Mario Delgado y a Ricardo Monreal.

Quizá la experiencia de López Obrador lo esté llevando a perfilar a Sheinbaum con antelación porque él pasó por un proceso en que al final los largos años de ser candidato lo acabaron ubicando en el imaginario colectivo con una identificación en la sociedad y con un perfil que fue fundamental en la decisión ciudadana del 2018.

Algo así también fue clave para que Vicente Fox se convirtiera en candidato. Con mucha antelación hizo saber sus intereses para terminar entre nosotros como candidato durante más de siete años. Fox fue un buen candidato por el momento que vivía el país, pero también porque durante años lo fuimos viendo como una opción.

En el caso de Peña Nieto desde que inició su gestión en el Edomex se asumió como suspirante. En medio de una campaña entre propagandística y publicitaria, en la cual Televisa fue fundamental, Peña Nieto se fue colando siendo la única carta que tenía el PRI ante 12 años de desgaste panista y con un López Obrador que de nuevo estaba a contracorriente.

La memoria efímera nos hizo ver equivocadamente al PRI como una opción, siendo que se votó en su momento por los panistas para deshacernos del tricolor.

Está visto que buenos candidatos no es sinónimo de buenas gestiones, estamos llenos de candidatos prometedores que al final terminan siendo un fiasco.

En el caso de López Obrador todavía falta tiempo para tener una idea de qué tanto un candidato identificado con un triunfo legítimo termina por ser un buen gobernante.

Lo que hoy aparece como un hecho es que por más que el Presidente hable de “corcholatas” parece que solamente tiene perfilada a Sheinbaum. Se ha dedicado a placearla y la Jefa de Gobierno ha entendido lo que tiene que hacer, empezando por hacer pública su fidelidad, lealtad y en algún sentido su obediencia.

Las referencias de Sheinbaum sobre una mujer en la Presidencia, la importancia de consolidar el proyecto de la 4T, sus reiterados elogios al Presidente y el hacer caso omiso o pasar por alto declaraciones del Presidente que uno supondría van directamente en contra de sus ideas y principios parecieran ser parte de una estrategia que le permita fortalecer y consolidar su candidatura al evidente amparo de quien la perfila.

Presumimos que el Presidente sólo encuentra en Sheinbaum la certeza y confianza de la continuidad. Para su proyecto, por más que por momentos no queda suficientemente claro, es fundamental tener en el futuro inmediato a alguien que le garantice que mantendrá principios y valores de lo que hasta ahora ha hecho y promete hacer.

El destino de Sheinbaum está en la fidelidad y la lealtad hacia el tabasqueño, pero está, sobre todo, en lo que termine siendo el sexenio.

Si las cosas no acaban bien no habrá razones para la continuidad.

Andamos en tiempos del lejos-cerca.

RESQUICIOS

Quizá no esté equivocado en su diagnóstico sobre las elecciones del año que entra Marko Cortés. El problema está en que en la forma en que lo hizo se ve derrotado, abatido, sin esperanza sin que hubiera empezado el partido.

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