Quebradero

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De memoria, 1988

Por Javier Solórzano Zinser

Las elecciones de 1988 fueron un parteaguas. Se sumaron circunstancias que rompieron esquemas bajo los cuales el PRI había ganado elecciones con relativa facilidad en medio del avallasamiento político.

Muchos factores se conjuntaron. El hartazgo social, en algún sentido similar al de 2018, fue un elemento fundamental entre los ciudadanos. El PRI se dividió, lo que llevó a la creación de la “Corriente Democrática”, a la cual se sumaron personajes de relevancia por su formación y desarrollo político.

En larga entrevista que le hicimos en el IMER a Rodolfo González Guevara en aquellos años, se veía lo que venía. Nos expuso claros elementos sobre el deterioro del régimen y cómo un grupo político se estaba apoderando del país, entre otros por Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Camacho Solís, Manuel Bartlett, Emilio Gamboa, Marcelo Ebrard. Han establecido, nos dijo, una alianza con empresarios con quienes quieren desarrollar un proyecto transexenal; recordemos la frase de José Ángel Gurría sobre el grupo, va a gobernar hasta el 2018.

La entrevista provocó reacciones internas. El IMER dependía de Gobernación, reclamándonos que la conversación había sido larga y que debió cortarse, a lo que se sumaron los vericuetos de esos años; fue una buena batalla colectiva que tuvo en Gerardo Estrada y Ofelia Aguirre importantes aliados.

Uno de los hechos significativos para entender el 88 fueron los sismos del 85. A partir de ellos surgió una generación que se apoderó de las calles para convertirse en interlocutor de los capitalinos, por cierto, la mayoría estudiantes o egresados de la UNAM.

Cuauhtémoc Cárdenas era la auténtica opción ciudadana. Su candidatura creció a pesar de la manipulación en su contra, en el imaginario colectivo su presencia era firme y confiable.

A partir de las elecciones del 88 la política cambió. El proceso estuvo cargado de irregularidades y abusos, los cuales fueron denunciados previos al día electoral. Se sabía que el Gobierno se iba defender y que no iba a permitir por ningún motivo que el ingeniero fuera Presidente.

Lo que pasó el día de las elecciones está cargado de leyendas. Se ha dicho que Córdoba Montoya y Camacho Solís manipularon el proceso desde Gobernación, ante la mirada impávida de Bartlett. Se ha sobreinterpretado la expresión de Diego Fernández de Cevallos en el sentido de que se “cayó” o se “calló” el sistema. También se ha hablado de la movilización de cárteles de la droga en algunas zonas del país, sobre todo en el norte, presionando ciudadanos o llevándoles dádivas para votar por el PRI.

Como fuere, quien debe conocer lo sucedido en forma y fondo es quien era el secretario de Gobernación y responsable del proceso electoral, Manuel Bartlett.

Es un tema que lo acompaña y acompañará toda su vida. El 88 apareció en su comparecencia sobre la reforma eléctrica, porque independientemente de que lo señale la oposición para denostarlo, en el fondo no se olvida que el resultado de la elección pudo haber sido favorable a Cuauhtémoc Cárdenas, pero que por medio de vericuetos terminó en medio de la trampa, dudas y confusión.

Las preguntas que Bartlett sabe que muchos ciudadanos le hacen son ¿por qué en su momento no dijo nada?, ¿por qué se quedó en Gobernación hasta final del sexenio?, ¿por qué fue titular de la SEP en el gobierno de Salinas?, y ¿por qué fue gobernador de Puebla postulado por el PRI?

Entre el abyecto control casi total de los medios, la manipulación en el Colegio Electoral y la maquinaria de Gobierno, Salinas terminó por ser Presidente. Cárdenas fue el inicio de lo que hoy es López Obrador.

De bote pronto recordamos pasajes de 1988.

RESQUICIOS

Las comparecencias pueden ser un buen ejercicio político y de debate. Les siguen faltando elementos para tener acuerdos, porque los funcionarios tienden a ni por asomo reconocer la crítica, mientras que la oposición por lo general argumentan poco y ataca mucho.

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