Quebradero

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El PAN y su incierto futuro

Por Javier Solórzano Zinser

La crisis de los partidos políticos no sólo pasa por su precaria representatividad, también por dinámicas internas de confrontaciones y rompimientos.

A los partidos los salva la cantidad de dinero que reciben, derivado de un proceso electoral organizativo que busca generar confianza, la cual cada vez nos sale más cara. La desconfianza no es casual y quienes hoy gobiernan lo saben muy bien, porque ellos con razón desconfiaban de la forma en que se llevaban a efecto las elecciones.

No somos el único país que tiene problemas con sus partidos políticos. Lo que es claro es que la democracia partidista es la que permite una organización política interna en naciones que se asumen como democráticas.

En medio de los muchos cuestionamientos que se merecen los partidos, hay uno que es de enorme importancia porque define la vida interna de los institutos.

Cada vez que tienen proceso de elección interna difícilmente pueden evitar conflictos los cuales, en la mayoría de los casos, provocan sangrías y confrontaciones. No queda claro del todo si las peleas tienen que ver con posiciones políticas e ideológicas, o con lo que significa dirigir un partido con todo lo que esto puede conllevar. Es mucho el dinero que está de por medio junto con el poder que terminan por tener las organizaciones.

En el PAN andan en medio de estos lances y de nuevo van en rumbo a una confrontación. El presidente del partido anda en campaña por lo cual solicitó licencia en tiempos en que la ultraderecha española “visitó” a los senadores de su partido. En el proceso han levantado la mano otros candidatos que si de algo se han quejado es de la gestión del presidente y que hay “dados cargados”.

La militancia efectiva en el PAN es cada vez menor. Una cosa es que se vote por el partido y otra, que los votantes pertenezcan al partido. En las pasadas elecciones, una parte del voto por el blanquiazul pasó por encontrar al partido como una opción ante  el hartazgo que para algunos significa el Presidente y todo lo que lo rodea; en el camino se sumó la confusa alianza Va por México.

Algunos pasajes de la historia del PAN han dignificado la vida política de México. Ha sido un actor central en la democratización del país, muchas de sus mujeres y hombres han sido claves en lo que hoy estamos viviendo como sociedad, a pesar de las luces y sombras en las que estamos.

Sin embargo, el partido lleva años en un proceso de descomposición que le impide tener una cohesión interna que lo fortalezca en los procesos electorales. Ha entrado en proceso de división padeciendo lo que le pasa a otros partidos: cada vez que se renueva la dirección quienes llegan se apoderan materialmente del partido lo que deriva en broncas y divisiones, concentran el poder de manera ominosa.

Es paradójico que desde el PAN se haya encumbrado a dos de sus militantes a la presidencia y que a la distancia éstos le hayan tomado distancia al partido por las razones y motivos que se quieran. Hoy más que nunca se recuerdan las muy citadas palabras de Felipe Calderón: “No vaya a ser que ganemos la Presidencia, pero perdamos el partido”.

Si algo tienen que hacer en el PAN es recuperar el partido. No es una empresa fácil, porque más allá de las divisiones internas, con consecuencias graves, la vida política del país está crispada, aparejada a la fortaleza y poder del confuso partido que hoy gobierna y sobre todo y, señaladamente, por un Presidente popular y poderoso que no deja un solo resquicio suelto; va a todas.

Los partidos políticos no la tienen fácil, pero a menudo son ellos que hacen todo difícil. El PAN tiene una gran oportunidad de cohesionarse y más le vale que se entienda que en su elección interna se juega parte de su futuro.

RESQUICIOS

El “regalo bomba” entregado en un restaurante en Salamanca fue un acto de terrorismo que todo indica fue perpetrado por cárteles de la droga. No es el primero y lo indicado es asumir lo que son, actos terroristas.