Quebradero

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Inseguridad y miedo como forma de vida

 

Por Javier Solórzano Zinser

 

Sin desconocer algunos avances en materia de seguridad, existen áreas en las que las cosas no han cambiado lo que ha llevado a que en algunos estados se viva bajo el riesgo y temor como forma de vida.

La masacre del fin de semana en Reynosa, junto con lo sucedido hace algunos días en Michoacán, confirma que en la lucha contra la delincuencia organizada se han dado pocos avances. Queda la impresión de que se sigue privilegiando una estrategia en la que se le ha dejado por la libre, de otra manera no se entiende lo que sucede en diversos estados.

El cuestionado saludo que el Presidente le dio a la mamá del Chapo Guzmán se convirtió en algo que se presume forma parte de una estrategia en la cual pareciera que se pretende, a través de “abrazos no balazos”, enfrentar a una delincuencia organizada que sigue dando pruebas de que está violentamente desatada.

Desde el inicio del sexenio estamos bajo una discusión importante en la cual no parecieran importarle al Presidente las muchas voces que están en contra de que las Fuerzas Armadas sean utilizadas para todo tipo de actividades y, sobre todo, para apuntalar su gobernabilidad.

La Guardia Nacional está fundamentalmente conformada por integrantes del Ejército. No había otra que echarla a andar de esta manera; sin embargo, lo que en el camino no se ha considerado es la importancia que tiene apoyar en todos los sentidos a las policías estatales y municipales.

Éstas son las que al final acaban enfrentando a la delincuencia organizada, como se ha visto en Michoacán, Tamaulipas, Jalisco, Sonora, Guerrero, Guanajuato y Sinaloa, por mencionar los estados en donde la violencia no ha parado, por más que no acapare la atención de medios y redes.

Son también estas policías las que más padecen la violencia, porque al mismo tiempo que tienen una confrontación cotidiana con la delincuencia organizada quedan en muchos casos expuestas a la máxima de “plata o plomo”, lo que incluye una intimidación sistemática que llega hasta sus familias.

En Guanajuato se ha tenido que estar cambiando de domicilio a muchos policías, porque la delincuencia organizada los está atacando en sus viviendas. Se les está cambiando regularmente de casa, al tiempo que a sus familias se les aísla, como puede imaginar viven cotidianamente en vilo.

En algunos casos lo mismo sucede con integrantes de la Guardia Nacional, están bajo una situación de alto riesgo y hasta cierto punto única. No tienen como defenderse, porque en muchas ocasiones la filtración de información sobre donde viven viene de los ámbitos de los gobiernos, por más que se esté tratando de cerrar todos los espacios para proteger a las policías, según nos dijo el gobernador de Guanajuato.

Uno de los grandes retos del gobierno sigue siendo la seguridad. Es probable que el tema haya pasado por la cabeza de muchos capitalinos al decidir por quién  votar en las pasadas elecciones. Si bien en todas las encuestas en que se evalúa a López Obrador tiene un alto nivel de popularidad, cuando se pregunta sobre la estrategia de seguridad y los resultados de ello la opinión ciudadana tiende a ser negativa.

De alguna u otra forma hemos ido integrando la violencia cotidiana en nuestras vidas. Llevamos muchos años sin que los gobiernos hayan podido revertir el estado de las cosas. López Obrador ha buscado otras fórmulas, las cuales hasta ahora, en lo general, no le han dado resultados.

El “abrazos no balazos” era un exhorto a las familias de los delincuentes para que éstos dejaran sus actividades, el problema es que las propias familias son cómplices de sus hijos.

 

RESQUICIOS

Sigue siendo tema la clase media. Dice el Presidente que hay que hacerla “solidaria y fraterna y que no dé la espalda a quienes sufren y que se resista a la manipulación”. Si bien no deja de ser importante la reflexión, siguen viendo con enojo la decisión en la CDMX el 6 de junio; no atinan a tener una buena lectura de la elección.

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