Remembranzas

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López Velarde, a 100 años de su muerte

 

Ramón López Velarde (1888-1921) es uno de los poetas mayores de la literatura en México. Su obra revela un dilema del espíritu al cual se entregó hasta sus últimas consecuencias sin renunciar a sus dos polos: la religiosidad y el erotismo. 

Aunque los biógrafos han ido dando cada vez más importancia a sus primeros años y han empezado a rescatar la ignorada cultura católica de provincias, en realidad apenas sabemos de ese mundo perdido de entonces más de lo que el propio escritor contó en continuas evocaciones llenas de nostalgia e ironía.

Su escritura, plena de imágenes y de un lenguaje constantemente renovado, colocó a la poesía de México en la antesala de la vanguardia. Con él los poetas mexicanos ingresaron a la modernidad literaria. 

Sus temas son los más íntimos: las mujeres y el cielo de la provincia, “La suave Patria” que Ramón López Velarde tradujo a un lenguaje inédito, poblado de matices, sorpresas y absolutamente siempre, la poesía. 

La educación en la ortodoxia y la moral católicas más estrictas marcó para siempre su personalidad. En el poema «Ánima adoratriz» (1919) dijo haber nacido “místicamente armado contra la laica era”, esto es, predispuesto contra los «errores» liberales y materialistas condenados por Pío IX, y de manera más directa contra el Estado mexicano, cuyos enfrentamientos con la Iglesia desde la Independencia habían culminado en las guerras de Reforma de mediados de siglo.

López Velarde descubrió en 1908 la pasión por la política. Porfirio Díaz anunció que México estaba listo para la democracia y que pensaba retirarse el año del Centenario. Aunque no tardó en desdecirse y en postularse nuevamente a la presidencia, la inquietud desatada fue imparable. A comienzos de 1909 López Velarde leyó La sucesión presidencial, donde Francisco I. Madero exponía sus ideas para una transición pacífica a la democracia. En octubre publicó un valiente artículo titulado «Madero», en el que elogia su figura (“Este fronterizo vale, por su hombría, más que los políticos sin sexo de la ciudad de Méjico”) pero le recrimina la ingenuidad de pensar que el dictador estaba dispuesto a ceder siquiera la vicepresidencia. En 1910 Madero pasó a encabezar un movimiento de oposición abierta pero aún dentro de la legalidad.

Ramón López Velarde, murió prematuramente a los treinta y tres años, en la Ciudad de México, en el año de 1921. 

@PerlascaLety

FB Leticia Perlasca

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