Quebradero

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Entre ganar y perder

 

Por Javier Solórzano Zinser

 

Los gobiernos y los partidos políticos están obligados a hacer una lectura pausada de sus victorias y derrotas.

No tiene sentido señalar que la causa de la derrota tiene que ver con factores externos sin hacer un análisis autocrítico. En la medida en que la lectura de la elección sea lo más amplia posible, el entendimiento de lo sucedido permitirá enfrentar lo que viene. Va de nuevo: no se gana para siempre ni se pierde para siempre.

Las y los políticos mexicanos son dados a señalar factores externos como las razones de sus derrotas, siempre les aparece una especie de elemento ajeno que nada tiene que ver con ellos.

La elección del domingo tuvo en el entorno buena parte de su definición. En algunos casos no fue tan relevante quiénes eran las y los candidatos, lo que le importaba al ciudadano era manifestar su sentir y la forma en que ven el país y su entorno.

En muchos casos se trató de ratificar todo lo que tiene que ver con su visión y apoyo al gobierno y en particular del Presidente sin importar que no estuviera en la boleta. Otro buen número de ciudadanos hizo valer con su voto la intención de buscar equilibrios para la gobernabilidad del país, al tiempo que mandarle un mensaje al Presidente, el problema hasta ahora es que todo indica que el tabasqueño no ha hecho acuse de recibo, por lo menos hasta ahora.

De alguna manera estos dos escenarios se acabaron manifestando en las urnas. Si bien Morena conservó fuerza y en muchos casos se fortaleció, también fue castigado por los ciudadanos sin que pareciera que las primeras lecturas de los morenistas estén atendiendo y entendiendo el sentido del voto.

El caso de la CDMX está resultando emblemático, porque bajo los afanes de tratar de justificar el resultado se están señalando, tanto por el Presidente como por la Jefa de Gobierno, factores externos que tienen que ver con campañas en contra del gobierno y alcaldías de Morena más que con lo que mucha gente propuso a través de su voto.

Las derrotas en alcaldías como Cuauhtémoc, Álvaro Obregón, Miguel Hidalgo, Coyoacán tienen que ver con mensajes claros de los capitalinos a enclaves de la izquierda. No solamente se mandó un mensaje a lo que ha sido la gobernabilidad en estas alcaldías, también se mandó un voto que tiene que ver con quienes eran las y los candidatos en estas demarcaciones.

Revisar con pausa victorias y derrotas también significa el pensar en el 2024. Claudia Sheinbaum está en una lista imaginaria para el futuro, todo lo que haga y deje de hacer se verá bajo nuestra nueva obsesión, la elección presidencial.

Si el punto de partida para entender el resultado se ubica en los ataques al gobierno capitalino se pierde el todo. No tiene sentido no contemplar que la gobernabilidad de la ciudad no tiene satisfecho a buena parte de los capitalinos; no se trata sólo del muy lamentable, doloroso y hasta ahora carente de respuestas colapso del Metro.

La ciudad sigue bajo los delicados terrenos de la inseguridad a lo que se suman los efectos de la pandemia, la falta de ayuda en medio de una crisis económica, la pérdida de empleo y la debacle de una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas.

Responsabilidad o no del gobierno capitalino, lo cierto es que brincaron resortes que llevaron a una toma de conciencia sobre la gobernabilidad en algunas alcaldías.

Los gobernantes a menudo aseguran que no harán ciertas cosas, aunque a la mera hora lo hagan. El Presidente tiene ahora en la mira al PRI, porque encuentra coincidencias en función de los nuevos tiempos para el Congreso.

Quien sepa leer la elección puede ganar, aunque haya sido derrotado; se gana y pierde la clave es saber los porqués.

 

RESQUICIOS

 

Biden y Kamala Harris no tienen nada que ver con Trump, en fondo y forma. La visita de la vicepresidenta es oportunidad de tomarle la palabra para atender a los mexicanos en EU, derechos humanos, la frontera; es tiempo de agenda abierta, nos dice Tonatiuh Guillén.

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