Quebradero

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Lo dicho, ¿dicho está?

Por Javier Solórzano Zinser

A lo largo de su actividad política para López Obrador su discurso ha sido y es factor clave, es una de sus piezas estratégicas más efectivas. Sus recorridos por el país le han dado un aprendizaje invaluable en esta materia.

Lo que dice trasciende, porque tiene la capacidad de saber decir las cosas, ser punzante y también sabe cómo puede provocar reacciones que por lo general sabe medir.

El Presidente a menudo hace referencia al derecho de réplica, el mismo que no necesariamente atiende cuando habla de ciertos temas, los cuales tienen respuestas precisas de parte de los personajes a los que se refiere. En ocasiones al Presidente se le ha mostrado lo contrario de lo que dice, pero la impresión que queda es que opta por darle vuelta a la página, suele a veces responder con el afamado “tengo otros datos”.

Pueden lanzarse todo tipo declaraciones sin que importe que en un buen número de casos sean ciertas o no. Podrán aparecer declaraciones e informaciones que desmientan lo dicho por el Presidente, pero al final en el muy poderoso terreno de la mañanera, esto cuenta poco o nada.

Pueden plantearse el mismo día de la mañanera desmentidos de lo dicho por el Presidente, pero al final la no respuesta lleva todo al cotidiano olvido de lo que pasa.

Al día siguiente en la misma mañanera se presentará un nuevo tema, una nueva referencia, una nueva crítica y lo dicho anteriormente sobre algún tema o persona quedará sembrado en el imaginario colectivo de sus innumerables seguidores.

Por momentos pareciera que vamos por los delicados y riesgosos terrenos de la verdad única, porque por más que a lo largo del día se presenten informaciones que desmientan lo dicho por el Presidente todo concluye en lo dicho, dicho está.

Poco o nada pasa por las aclaraciones o por los debates que pueda suscitar lo expresado en la mañanera. Lo que queda es lo dicho por el Presidente sin que pueda mediar algún tipo de autocrítica por lo expresado.

El derecho de réplica se ha venido conjugando únicamente en primera persona, vale cuando el Presidente es aludido, pero no parece tener vigencia si se trata de alguien que es aludido y señalado por el mandatario.

Esta práctica se ha venido lamentablemente arraigando entre nosotros en muchos niveles. El Presidente va en todo esto mano, pero también en muchas ocasiones se plantean informaciones o juicios en los medios y en las redes sobre el Presidente que no acaban por comprobarse, pero que bajo el clima confrontativo adquieren relevancia y sirven para la agudización de la polarización.

La interminable guerra informativa por la que pasamos, que se reconoce como parte de nuestros tiempos, nos va llevando a un terreno más de la confrontación en el cual la voz del Presidente es la que manda. En muy pocas ocasiones, desde que empezó el sexenio, el Presidente ha perdido la agenda del país.

En medio del proceso electoral, el discurso presidencial es el del activista, el de un candidato y el de la denuncia, esta última se llega a desarrollar, en algunos casos, en la denuncia de violaciones al proceso electoral a partir de la violación del proceso electoral.

Bajo estas circunstancias no vamos a llegar muy lejos. El Presidente sabe bien lo que se está jugando y por ello su discurso se agudiza, señala, apunta, acusa y denuncia.

Sabe muy bien lo que esto significa entre sus millones de seguidores y para ello tiene el poder del discurso junto con su efecto expansivo.

 

RESQUICIOS

La Administración Federal de Aviación, FAA, tomó una decisión que venía anunciando: México no cumple con los estándares de seguridad de la Organización de Aviación Civil Internacional por lo que se degradó de categoría al país. Conversando con especialistas y controladores aéreos coinciden en que se debe a  la obsesiva austeridad y a la falta de atención y capacitación entre muchas razones; el chistecito costó  hace 10 años 400 millones de pesos y la contracción de las líneas aéreas nacionales.

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