Quebradero

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¿Un colapso anunciado?

Por Javier Solórzano Zinser

No tiene lógica creer que intempestivamente colapsó el Metro. Lo que pasó el lunes tiene que ver con una serie de situaciones que se fueron sumando a lo largo del tiempo y que al final todo indica que no se atendieron debidamente.

La Línea 12 ha sido motivo de inquietud y críticas. Su inauguración se consideró por algunos como apresurada, se decía que la construcción merecía una revisión detallada, lo cual tiempo después, como suele pasar con ciertas cosas, terminó hasta cierto punto en el olvido.

Quienes en innumerables ocasiones plantearon inquietudes y preocupaciones fueron los vecinos. Está documentado, periodísticamente y en redes sociales, las irregularidades que apreciaban en la construcción. Los vecinos, algunos de ellos, se lo dijeron directamente a la autoridad, aseguraban que se sentían movimientos extraños que alcanzaban a las ballenas que sostienen las vías del Metro. Llegaron incluso a pedir que no pasaran por la avenida camiones pesados porque se sentían “pequeños temblores”.

Las autoridades capitalinas dijeron ayer que no había antecedentes que obligaran a tomar medidas. Lo que queda claro es que algo estaba pasando que no se acabó por atender porque, insistimos, no puede colapsar intempestivamente una estructura tan fuerte y bien armada como la de las ballenas.

La delimitación de responsabilidades es amplia. Igual pasa por el constructor que por quienes debían supervisar sistemáticamente la obra. Las empresas responsables en ambas áreas tendrán que dar una explicación de lo que hicieron y no hicieron, más allá del peritaje externo que ya está en marcha.

También está el otro nivel de responsabilidades, el cual recae en los gobernantes. Marcelo Ebrard está en el centro porque fue quien, junto con su equipo, en particular su secretario de Finanzas, que era Mario Delgado, se encargaron de la obra.

Sin embargo, no todo empieza y termina con estos personajes. Han pasado muchos años en los cuales las autoridades de la pasada administración y de ésta estaban obligadas a llevar a cabo una revisión sistemática de lo que se vive cotidianamente en el Metro, en particular en la Línea 12, la cual ha sido un dolor de cabeza.

El sindicato ha insistido en que se ha dejado de invertir en el Metro. La obsesión por la austeridad está causando estragos, a estas alturas tarde que temprano podrían presentarse nuevos problemas en otras áreas de la gestión de gobierno; la austeridad empieza a pasarle la cuenta a quien menos la deben, los ciudadanos.

Ayer se informó que los más de 8 mil trabajadores del Metro preparan un paro de actividades “inminente” en las 12 líneas del Metro por lo que aseguran “son las malas condiciones y la falta de mantenimiento”. No es la primera vez que los trabajadores hacen una denuncia de esta naturaleza, si no han parado se debe a que saben lo que puede provocar un paro para la movilización de los ciudadanos.

Desde donde se vea, lo sucedido es profundamente triste y lamentable. Es una tragedia en la que todo indica se pudo haber evitado. Había en el entorno indicadores que debieron ser atendidos acuciosamente, entre ellos la voz de los vecinos y las fotografías que muestran que la vía se estaba pandeando.

Esperemos que no queden en el lugar común las típicas declaraciones de que “iremos al fondo caiga quien caiga y se trate de quién se trate”. Hay responsabilidades compartidas que insistimos no sólo pasan por quienes echaron a andar la obra en 2012.

Todo se junta, pero lo que más sacude y provoca dolor y tristeza es cómo les llegó la muerte a 24 personas que regresaban a sus casas después de un día de trabajo.

Ellas y ellos son nuestro primer deber.

RESQUICIOS

Una tarea prioritaria para el gobierno capitalino es hacerle ver a los ciudadanos que el Metro es un transporte seguro. Para ello se tiene que hacer una revisión exhaustiva del sistema haciendo pública la información. El colapso no sólo dejó muerte también dejó desconfianza.

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