El bloqueo del futuro

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Por Darío Fritz

De pronto, al desencanto social con los gobiernos, traducido en una marea de votos para outsiders de ultraderecha sin importar hacia dónde apuntan sus discursos disruptores —sintetizados en la quita de derechos y la profundización de la desigualdad social—, irrumpen protestas, tan legítimas como ilusionantes. Simplemente porque lo hacen jóvenes que no aceptan el voto como la única manera educada de castigar a conformistas, corruptos, oportunistas o cerriles.

Los españoles fueron los que avisaron primero por el desencanto con las políticas de vivienda que los dejan fuera de adquirirla e incluso de pagar rentas accesibles. La frustración se atizó con respuestas policiales violentas en Francia ante unos estudiantes de secundaria decepcionados por la falta de profesores, aulas masificadas e instalaciones precarias. Si en un pasado lejano los estudiantes gritaban por la unidad con los trabajadores para echar atrás las políticas represivas y antisociales, los chicos franceses ahora han logrado incorporar a sus pares desilusionados de estos días: sindicatos, agricultores, transportistas y funcionarios públicos. Le han seguido al mismo tiempo, jóvenes italianos, belgas, albaneses, serbios y portugueses. Inspirados en su mayoría en la decepción con las políticas educativas, el acceso a la vivienda, el costo de vida, las deudas de becas o el genocidio israelí en Gaza y la solidaridad con Palestina.

Las respuestas han sido de manual. Culpar al otro que está enfrente, en estos casos a la izquierda, como lo dijeron Macron y Meloni, y de paso lanzar a sus escuderos policiales para radicalizar toda irrupción juvenil y justificar una violencia que no es de ellos, sino, supuestamente, de los desencantados.

Vistos en acción podría llamar a la lógica que esto ocurra en Europa. El continente que ha hecho del viejo bienestar social la inclusión para sus mayorías, poco a poco ha entrado a despojarse de esas políticas inclusivas para advertir que el cambio más condicionante para su continuidad se propaga por Alemania, Francia, España o Italia. El desempleo es bajo para la mayoría de los europeos, 6.1%, pero del 15.4% entre menores de 25 años. De aquellos de 15 a 29 años en 2025, 24.2% estaba en riesgo de pobreza o exclusión. También tienen una dura competencia con los mayores –22% de la población– que no les interesa votar por políticas de crecimiento a futuro sino por sus pensiones y consumo.

Esa escenografía política y social que bien podría ser lejana a la realidad de este lado del continente, no lo es tanto. De la pauperizada Argentina, en su persistente ejercicio de autoflagelación, con miras a recrudecerse a mediano y largo plazo, cuyos estudiantes y profesores también son perseguidos y golpeados en multitudinarias protestas contra la demolición del sistema educativo universitario, aquí ya han dado aviso en plena antesala del Mundial del Futbol unos maestros acotados a su corporativismo regional y en los días que corren los empleados del sistema gubernamental de salud. Dos áreas que desde 2018 se han convertido en la asignatura pendiente de sendas administraciones, empachadas en hacer recortes presupuestarios como si allí sobraran educadores, médicos o medicinas. Podríamos agregar los reclamos por el acceso al agua en Guadalajara, pero una vez más son jóvenes quienes salen a la calle a protestar. En un país donde 14.5 millones se consideran fuera de la población económicamente activa. ¿Cuántos de los que sí están ocupados y ganan por debajo de 57,000 pesos mensuales, es decir, hasta seis salarios mínimos, y no cumplen con los requisitos para créditos sociales o bancarios, podrán acceder a comprarse una vivienda? Pero, además, en un contexto –datos de 2022–, donde 26 jóvenes son asesinados a diario y otros 20 desaparecen.

“Si nos bloquean el futuro, bloqueamos el presente”, decía una pancarta –sugestivo registro de época– de una manifestación reciente de estudiantes italianos. “Es antinatural no protestar siendo jóvenes. Es inhumano que la falta de insumos cueste vidas”, decía otro cartel aterrizado a su vida diaria de un joven empleado del IMSS en Ciudad de México. El desencanto con la clase política es del 74% entre los votantes franceses menores de 30 años, en Italia del 69 % y en España del 59 por ciento. Una encuesta reciente dice que cuatro de cada diez jóvenes mexicanos de 18 a 24 años no votaría hoy por ningún partido político. En España votan en seis semanas. En Francia en seis meses. En México, a mitad de 2027.