“Injerencista” y “político”
Por Javier Solórzano Zinser
Los criterios que tiene EU para el retiro de visas pudieran interpretarse que no es injerencista. Sin embargo, es inevitable que tenga un efecto expansivo en el país de donde es originaria la persona a la que se le retira.
Esto ha venido pasando en México desde hace al menos un año. No es injerencista, pero provoca internamente un conjunto de circunstancias que colocan al país en medio de controversias explicables y válidas, lo cual en sentido estricto no es problema de EU.
Lo más controvertido de lo que está pasando es que no se ha llevado una sola investigación interna, que se conozca, sobre el asunto.
Dice la Presidenta, con ciertos tintes simplistas, que retirar la visa no hace ni buena ni mala a una persona. Es cierto, pero esto no quita la imperiosa necesidad de atender prioritariamente qué está detrás de las decisiones, como suele suceder con la 4T, ellos nunca son el problema.
Independientemente de la “injerencia” o de la obviedad de las “razones políticas”, el Gobierno mexicano no se ha planteado un proceso que lleve a conocer las razones de EU.
El caso de Andrés Manuel López Beltrán amplifica las aristas del problema. A esto se suma una lamentable carta, muy a la manera de López Obrador, en que se llena de adjetivos a EU y todo lo que le rodea. La carta va a quedar en la historia como uno de los más desafortunados momentos del personaje, porque en ella no se abordan asuntos de profundidad, más bien todo termina en una ideologización propia del siglo pasado.
Andy es para la justicia estadounidense responsable de hechos que, presumimos, tarde que temprano se harán públicos. EU ha rebasado una línea en la relación bilateral que puede ser delicada y riesgosa. Para el actual Gobierno, López Obrador, en el absurdo, es una especie de tótem intocable. Se le protege, se le adula y no se le cuestiona, a pesar de que muchos de los problemas que tenemos como país y que tiene el Gobierno mismo, son responsabilidad directa de él.
No sorprende, pero llama la atención, el hecho de que Morena como partido junto con los gobernadores del oficialismo hayan dado a conocer su posición a través de desplegados, en los cuales sin nombrar a López Beltrán en el fondo hacen una defensa férrea, por cierto, con rasgos similares a la carta de origen.
No se hizo una sola carta para salir en defensa de los muchos personajes a quienes les han quitado la visa, pero en este caso se trata ni más ni menos que del hijo del tótem.
El Gobierno debe tener suficiente información de todos los personajes a los que se ha señalado respecto de su presunta relación con el narcotráfico. Sin embargo, es evidente que no va a hacer absolutamente nada. Se va a quedar en el “pruebas, pruebas, pruebas” sin preguntarse seriamente qué es lo que está pasando con el país que están gobernando.
Lo de López Beltrán es un asunto profundamente delicado, porque toca directamente al expresidente. López Obrador se la pasó gritando a los cuatro vientos que su familia no iba a tener nada que ver con la gobernabilidad en su sexenio. Lo que estamos viendo es la prueba inequívoca de que desde donde se vea, aquello era totalmente falso.
El Gobierno seguirá enconchado defendiendo a los suyos. Ni por asomo se plantea la posibilidad de investigar a personajes que, incluso en sus lugares de origen, sistemáticamente, se habla de su relación con la delincuencia.
Andrés Manuel López Beltrán hereda el nombre, más no el poder. El retiro de la visa no puede quedarse por parte del Gobierno en temas “injerencistas” y “políticos” como tampoco en la “defensa de la soberanía”.
Todo es político. López Beltrán está señalado no de hoy, sino desde el sexenio de ysq.
RESQUICIOS.
En sus giras a la Presidenta, le han venido apareciendo cada vez más protestas. Las del fin de semana en Tamaulipas muestran un hartazgo que no puede soslayarse con encuestas de popularidad. Algo se está incubando que debiera obligar al gobierno a hacer a un lado su arrogancia.