Quebradero

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Así andamos y andaremos 

 

Por Javier Solórzano Zinser

Todos los partidos hacen lo mismo. En público juegan a estar preocupados por las precampañas, pero dejan que sus suspirantes se muevan a su antojo, sin importar tiempos y leyes.

Podrán poner todo tipo de justificaciones en la mesa, pero lo cierto es que los suspirantes se mueven con exceso de antelación en todos los sentidos bajo la argumentación de que es la única manera de que los electores los vayan conociendo y sepan quiénes son.

Vicente Fox fue candidato como cuatro años. Fue gobernador de Guanajuato y a lo largo de toda su gestión jugaba indistintamente a ser gobernador y ser candidato. Al final resultó ser, por mucho, mejor candidato que presidente.

Muchos otros y otras han hecho lo mismo. Quien lleva mano es López Obrador, no solamente porque haya sido tres veces candidato a la presidencia, sino por la forma en que fue gestando sus candidaturas, cuando al final terminó por ser presidente no había duda de que la gente lo conocía y no importó mucho que hiciera una larga precampaña, porque la gente si algo quería era sacar con justificada razón al PRIAN. Su triunfo inobjetable hizo que se olvidaran todo tipo de irregularidades en las que incurrió, él y los otros candidatos.

El propio López Obrador se dedicó a que los suyos hicieran precampaña. Los que seguramente terminarían por ser candidatos los llamó coordinadores, los cuales se movían a sus anchas en los estados, y con la enorme fuerza de Morena, se fueron colocando en el ánimo de la militancia, en particular de todos los ámbitos del poder local, en muchos casos los trataban como si ya fueran gobernadores.

El INE está terminando por ser un simple espectador bajo el argumento de que no tiene instrumentos legales para actuar. El asunto sorprende, porque como si no tuviéramos una gran cantidad de experiencias en este sentido que obligaran al propio instituto a exigirle al Congreso tener dientes para tomar decisiones.

Los problemas no se hubieran resuelto con la reforma electoral que, originalmente, había propuesto la Presidenta. El proyecto actuaba en algunas áreas, pero otras las dejaba exactamente como están.

Lo que ya está pasando es lo que se preveía y nadie parece que vaya a meter las manos. Las precampañas van a durar seguramente hasta el día de las elecciones, quizá eso sí, con pudor se guarden los cuatro días previos a la jornada electoral.

El dinero corre por todos lados. Debido a que no estamos en el proceso electoral, las y los suspirantes se andan promoviendo por todos lados y no hay freno alguno. Nos llenamos de señalamientos que al final sirven para que se denuncien hipócritamente entre los partidos teniendo a los medios y las redes, como testigos sistemáticos de todas las irregularidades.

De alguna manera se tiene que poner un alto, como fuere, estamos a tiempo. Todos los partidos tendrían que poner de su parte, pero cuando está de por medio la lucha electoral, nadie se mete porque nadie quiere perder.

Una de las maneras en que se podría, al menos atemperar el problema, es si los partidos en el Congreso llegan a acuerdos mínimos a cumplir, no sólo a enunciar, para que acepten reglas apegados a las leyes. Todos dicen que lo van a cumplir, pero es muy claro que todo el proceso queda suelto.

El dinero del narcotráfico entra por doquier. No sólo en la promoción de candidatos, para que en caso de que ganen les cumplan todo lo que invirtieron, sino también en el apoyo que dan el día de las elecciones, como fue en Sinaloa y Michoacán. Es un asunto de voluntad política. Todos quieren ganar y no les importa el método.

En las elecciones más grandes no se ve cómo no haya precampañas y cómo no se mueva el dinero; así andaremos y en ello estamos.

RESQUICIOS.

En medio de las broncas que se traen el gobierno y el exembajador Ken Salazar, el diplomático aseguró que López Obrador le aplicó algo así como “la ley del hielo”. Más allá de lo que diga el exembajador, se acabó la comunicación tan necesaria en ese momento.