Quebradero

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Está, aunque no se le vea

 

Por Javier Solórzano Zinser

Sin dejar de buscar cómo entenderse con sus aliados PT y PVEM, Morena tiene que debatir sobre cómo estructurarse no sólo como movimiento, sino también como partido político.

Ha logrado establecer un gran trabajo en territorio, el cual da votos, pero es necesaria la organización interna, porque en los últimos meses se ha visto no del todo cohesionada.

Se ha insistido que en cualquier momento podría renunciar la presidenta. Es cierto que tiene muchos malquerientes dentro y fuera del partido, pero también es cierto, que ha perdido fuerza interna, por la forma en que ha dirigido el partido.

Es claro que dirigir un movimiento o institución como Morena es un asunto de enorme complejidad. Las tribus se mueven a su antojo y todas pelean por tener una presencia significativa al interior de la organización. De hecho, la presidenta pertenece a uno de los grupos que está integrando al partido, más allá de lo que se dice y piensa en el imaginario colectivo de todo lo que sucede internamente.

Por la forma en que ha actuado recientemente Morena, vía quienes lo encabezan, se han evidenciado contradicciones y confusiones. El rompimiento de la alianza con el PT y el PVEM estuvo cargada de una alta dosis de soberbia por parte de la presidenta del partido. Señaló a estas instituciones, y además les dijo algo así como solos no caminan y además no los necesitamos.

En algunos aspectos pudiera tener razón. La cuestión es que Morena no puede legislar y hasta gobernar si no es vía la alianza. Han acusado de “rémoras” en el partido a quienes le han acompañado desde hace al menos ocho años. En el caso del PT la relación es histórica, han estado con López Obrador desde 2006.

Las últimas semanas se ha hablado de la renuncia de Luisa María Alcalde a la presidencia del partido. La presidenta ha ido perdiendo parte de su frescura e intensidad que la colocaba como interlocutor interesante y cercano a muchos jóvenes. Se dijo en muchas ocasiones que era el futuro del partido.

Para acceder al cargo de presidenta de Morena seguramente tuvo el aval y apoyo de López Obrador, presumimos que en un segundo momento también pasó por el visto bueno de la Presidenta.

Sin embargo, se le identifica como parte del equipo de López Obrador. Recordemos que fue parte de su gabinete en dos secretarías, la del Trabajo y ni más ni menos que la de Gobernación, lo cual no es un asunto menor.

Continúe o no en la presidencia del partido existen elementos que la están cuestionando. La clave es cómo resolver un asunto que le es fundamental a Morena y al Gobierno, y quizá también al expresidente, para enfrentar el proceso electoral del año que viene.

La trompicada llegada de Citlalli Hernández a Morena puede ser un aviso de lo que puede venir. Tiene influencia y se asegura que se distingue por su trabajo en territorio. Cuesta trabajo creer que su renuncia fue sorpresiva para la Presidenta, no vemos cómo la mandataria no haya sabido lo que venía.

Es inevitable preguntarse qué tanto está presente el expresidente en todo esto. Se han lanzado rumores estos días en que pudo haber tenido una conversación profunda sobre estos temas con la Presidenta.

No somos de la idea de que la Presidenta vaya a tomar distancia con el expresidente, pero en la medida en que siga avanzando en su estrategia política, que en muchos casos deja atrás el pasado sexenio, tendrá una mayor capacidad de maniobra para su propia estrategia de Gobierno.

Morena es el instrumento de la 4T para ganar elecciones y gobernar. Es probable que este tema se esté debatiendo a un alto nivel, lo que sigue siendo un hecho es que no hay necesidad de ver a López Obrador para saber que está.

RESQUICIOS.

Es una interesante y positiva decisión la formación del comité interdisciplinario con voces diversas discutir el sí o no al fracking. ¿Era tan difícil hacer algo similar con la reforma electoral que se discutió durante meses y que al final quedó en una reforma administrativa?