Rúbrica

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Nahle tiene responsabilidad

Por Aurelio Contreras Moreno

La tragedia ambiental y humana que se vive en el Golfo de México no es un hecho fortuito, sino la consecuencia directa de una gestión marcada por la soberbia, la improvisación, la indolencia y, claramente, por la corrupción.

Primero como secretaria de Energía y ahora como gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García ha sido protagonista y artífice de una política energética que privilegia los negocios sobre la responsabilidad y la simulación sobre la rendición de cuentas. El incendio en la refinería de Dos Bocas que la semana pasada cobró la vida de cinco trabajadores, y el derrame de hidrocarburos que hoy contamina costas, lagunas y ríos de Veracruz, son la evidencia más cruda de un proyecto concebido desde el error y sostenido en la mentira sistemática.

Desde su anuncio, la refinería Olmeca en Dos Bocas fue cuestionada por especialistas, ambientalistas y académicos. No era necesario ser ingeniero para advertir que construir una planta petrolera sobre un manglar era una sentencia de desastre. Los manglares son ecosistemas vitales, amortiguadores naturales contra inundaciones y tormentas. Arrasarlos para levantar un complejo petrolero fue un crimen ambiental disfrazado de “soberanía energética”.

Hoy, las consecuencias son inocultables: inundaciones recurrentes, desbordamientos de aguas aceitosas y, lo que era previsible, explosiones mortales. El accidente del pasado 17 de marzo que dejó cinco trabajadores sin vida fue la consecuencia de un diseño deficiente, de una planeación negligente y de una ejecución apresurada para cumplir con plazos políticos.

Ante la tragedia en la planta que se construyó bajo su entera responsabilidad –y gracias a la cual fue la elegida de López Obrador para gobernar Veracruz-, la respuesta de Rocío Nahle fue deslindarse: “Ya no tengo relación con la refinería”, dijo, como si su papel en la gestación y edificación del proyecto pudiera borrarse con un simple acto de negación, o con un cambio de adscripción administrativa.

Pero la refinería Olmeca es su legado, su obra emblemática y su bandera política. No puede renunciar a ella cuando se incendia, se inunda o mata trabajadores, y al mismo tiempo presumirla como símbolo de soberanía cuando –dicen- produce combustibles.

Tan sigue ligada a la refinería, que este mismo lunes, desde todas las cuentas del gobierno de  Veracruz y sus secretarías, se replicó un mismo mensaje de Nahle: “Hoy podemos ver resultados claros con la refinería Dos Bocas, operando al 100% y produciendo combustible. Esta política energética avanza con nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, fortaleciendo abasto y estabilidad de precios. Estoy firmemente con nuestra presidenta en este rumbo, respaldando un proyecto que garantiza desarrollo y estabilidad para México”, acompañando un video de la conferencia de la gobernadora, en el que se queja amargamente de los “comentócratas” que la critican y, sobre todo, la responsabilizan del fiasco de la planta.

Mientras eso sucedía y desde días antes, cuando la gobernadora disfrutaba de un festival que alguna vez fue internacional y hoy es como cualquier feria de pueblo, otro desastre avanzaba ante los ojos de todo mundo: el derrame de hidrocarburos que desde principios de marzo ha contaminado playas, lagunas y ríos cubrió prácticamente la totalidad del litoral veracruzano del Golfo de México. Las imágenes de tortugas y delfines muertos, de playas cubiertas de chapopote, de aguas ennegrecidas, son pruebas irrefutables de un ecocidio que la organización ambientalista Greenpeace calificó ya como “fuera de control”.

La reacción de Nahle, otra vez, fue la negación. Dijo que no había mortandad de fauna marina aun cuando abundan imágenes demostrando lo contrario. Y para minimizar el impacto, subrayó que solo habían llegado algunas “manchas” de crudo a las playas, las cuales ya estaban “limpias” al 100 por ciento. Una mentira que hasta Petróleos Mexicanos tuvo que rechazar.

Es claro que lo que le preocupa a la gobernadora es el efecto que el derrame tendrá en el turismo de Semana Santa en el estado, y no la devastación del ecosistema. Pero la afectación no para ahí. Decenas de comunidades pesqueras están viendo arruinados sus medios de subsistencia, mientras científicos alertan sobre daños irreversibles a los hábitats marinos.

Ese deslinde no es solo inmoral. Es políticamente insostenible. Rocío Nahle puede repetir mil veces que “ya no tiene relación” con Dos Bocas. Puede negar la mortandad de fauna aunque exista evidencia. Puede hostilizar a periodistas y columnistas que señalan sus pifias. Pero la realidad es implacable: en los desastres que hoy azotan al Golfo de México y a Veracruz, por acción y por omisión, ella tiene responsabilidad.

 

Email: aureliocontreras@gmail.com

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