Por el poder y el control
Por Javier Solórzano Zinser
La lucha por el poder y el control en Morena está entrando en una de sus etapas más críticas.
La Presidenta es el eje, por ahora, del movimiento. Está en medio de muchas diferencias que no se están pudiendo resolver. La herencia de López Obrador dejó muchos cabos sueltos. Esto no tendría que ser un factor de rompimientos, lo que sucede es que en Morena todos quieren su parte y la libertad bajo la cual se mueven termina en enfrentamientos; el tema una vez más es el poder.
López Obrador era el centro de todo. Nadie se atrevía a contradecirlo. El tabasqueño no permitía que nadie pensara diferente de él y cuando alguien lo hacía materialmente los enfriaba.
Tenía el control de muchas cosas, pero no de todo, como lo establece Julio Scherer en el polémico libro que anda circulando.
La Presidenta tiene otras formas, pero por más obvio que sea no es López Obrador. La lucha por el poder tiene que ver con esto. Nadie se atrevía a confrontar al presidente, pero entre actitudes misóginas y que muchas cosas ahora son diferentes, la lucha por el poder llega a pasar muchas veces por encima de la mandataria.
Si algo no quiere la Presidenta es enfrentarse con López Obrador. Va a hacer hasta lo imposible hasta el final de su mandato para que esto no suceda. Sin embargo, le está resultando inevitable tomar decisiones que en muchos casos no le queda de otra tomar. No hacerlo le impide la gobernabilidad y le puede restar autoridad.
La actitud y reacción de Marx Arriaga tiene que ver con esto. Sabe que la Presidenta no quiere enfrentar a quien le ha apoyado en todo con los libros de texto. A pesar de ello, lo hizo tratando de buscar una salida convenida, pero al final todo fue desaseado.
En lugar de moverlo acabaron empoderándolo entre ciertos sectores del morenismo. Su defensa verbal tiene al obradorismo como el centro de su defensa de los libros de texto. Apelar al espíritu del expresidente termina por ser una defensa del proyecto del creador del movimiento.
De alguna manera, el momento que está viviendo Morena y el Gobierno tenía que llegar. Algunos ajustes eran necesarios. No había manera de aguantar al “hermano” de López Obrador con los altos cargos que tenía en el Senado. No había manera de aguantar al exfiscal porque cada vez había más evidencias de la discrecionalidad de su trabajo, lo que incluyó el uso discrecional de la justicia en contra de una parte de su familia.
Tampoco había manera de sostener al director del CIDE quien entró por la puerta de atrás, y acabó siendo despedido en medio de su incompetencia. Tampoco habría manera de mantener a la directora de Conacyt con H, a pesar de todo el apoyo que le dio López Obrador. Eran insostenibles, a lo largo de su gestión terminó cumpliendo las veces de peleadora callejera.
¿Qué tantos movimientos vendrán a futuro? En la medida en que avance el sexenio irán surgiendo dificultades para la gobernabilidad, algunas derivadas de la herencia de López Obrador y otras por el desgaste en el ejercicio del poder. Se tendrá que tomar medidas para la gobernabilidad y para deshacerse de personajes que quieren el poder.
Hay cosas que la Presidenta no quiere hacer, pero va a tener que hacerlas. Su respuesta ayer al libro de Scherer no sirve para enfrentar todos los problemas que día con día se van presentando. Llama la atención que diga que no va a leer el libro siendo que es una mirada sobre el pasado sexenio, que alcanza al suyo, desde la primera fila, no basta con que diga que se presente una denuncia.
Para que Morena resuelva sus problemas se tienen que tomar medidas drásticas. La elección del 27 pudiera ser un punto de partida; están en la lucha por el poder y el control.
RESQUICIOS.
Estamos cerca de que se cumpla un mes del secuestro de 10 mineros en Sinaloa. La versión oficial es que los confundieron. A pesar del silencio de la empresa canadiense, había antecedentes de extorsión. Todo indica que no hubo confusión, sino extorsión.