Mafia, traiciones y destrucción de Morena

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Por Ruby Soriano

En México el libro de Julio Scherer Ibarra, ex consejero de la Presidencia en el sexenio de AMLO, confirma la guerra descarnada que se libra al interior del partido gobernante, donde los afines al ex presidente, empezaron a perder el “halo” de blindaje que hasta ahora los había mantenido a buen reguardo en cargos, negocios y prebendas.

A estas alturas, ya es muy difícil que en las cúpulas morenistas donde alguna vez convergieron el propio Scherer, Jesús Ramírez Cuevas, el ex fiscal Alejandro Gertz, Adán Augusto López, Mario Delgado, los hijos del ex presidente y muchos otros personajes, puedan mantener la hipotética ideología obradorista que está más que machada por la corrupción e impunidad de todos los antes mencionados.

En México el ambiente político hierve como una olla de grillos donde la guerra se centra entre los integrantes del partido gobernante, dejando a un lado a una inexistente oposición que sólo se asume como espectadora del enfrentamiento entre los morenistas que alguna vez figuraron en el primer círculo del mandatario.

La figura del Secretario de Seguridad Omar García Harfuch retoma relevancia como el principal interlocutor con el gobierno norteamericano, desde donde se han estado apuntalando los principales golpes y acciones que han ido debilitando al grupo y a los generales obradoristas.

Traiciones, muchas traiciones acusan los grupos puros de un morenismo que se dirige a una reinvención para negociar todo lo que vendrá en una época electoral.

En México la ignorancia política sigue siendo la principal perdición ciudadana, donde se aplaude a quienes también estuvieron salpicados de lodo y corrupción.

Algunos intentan ver a Scherer como un escudero que ha destapado una gran cloaca, sin que se detengan a señalar que este personero del poder articuló muchísimos negocios que se fraguaron desde la oficina de junto, en Palacio Nacional.

La simbiosis entre fanáticos es muy riesgosa para un país que sigue buscando mesías baratos, ladrones y corruptos. Es la fiel muestra de la desesperación de un pueblo que por un lado ha lidiado con el fanatismo que transmutó en delincuencia obsesiva.

Y del otro lado, hay una horda de vividores con la cruz y el rosario que, en aras de salvar a la patria, son igual o más fanáticos que los que hoy gobiernan un México semidestruido por los actos de impunidad, corrupción, delincuencia, todos ejercidos desde las cúpulas políticas y de gobiernos.

¿Y la ciudadanía? La ciudadanía, simplemente no existe.

 

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