El Super Bowl 60 se convirtió en una noche histórica para los Seattle Seahawks, que derrotaron 29-13 a los New England Patriots en el Levi’s Stadium y levantaron apenas el segundo Trofeo Lombardi de su historia.
La victoria significó también una revancha simbólica: once años después de la dolorosa derrota en el Super Bowl XLIX, cuando Malcolm Butler interceptó a Russell Wilson en la última jugada, Seattle se cobró cuentas pendientes.
El partido fue dominado por la defensa de los Seahawks, que asfixió al mariscal de campo novato Drake Maye, capturándolo seis veces y forzando tres pérdidas de balón. La jugada decisiva llegó en el último cuarto, cuando Uchenna Nwosu interceptó un pase y lo devolvió para anotación, ampliando la ventaja a 29-7 y sellando prácticamente el triunfo.
En la ofensiva, el mariscal Sam Darnold mantuvo el control del juego y conectó un pase de anotación con Alec Barner, mientras el corredor Kenneth Walker III fue nombrado MVP del Super Bowl gracias a su consistencia y capacidad para desgastar a la defensa rival.
Los Patriots, que llegaron con una marca de 14-3 en temporada regular, apenas pudieron reaccionar en el último cuarto con un pase de Maye a Mack Hollins y una anotación corta de Rhamondre Stevenson, insuficientes para revertir el dominio de Seattle.
Con este triunfo, los Seahawks cierran la temporada 2025-26 con récord de 14-3 y consolidan una nueva era bajo el mando de Pete Carroll, quien suma su segundo campeonato como entrenador en jefe.
La ciudad de Seattle celebró con euforia un título que tardó doce años en repetirse, pero que confirma a la franquicia como una potencia defensiva en la NFL.