Por Martín Quitano Martínez
Los mejores fascistas trabajan en silencio y con disciplina. Nosotros decimos, primero los deberes, luego los derechos.
Benito Mussolini
La cerrazón es una característica distintiva del ejercicio de la corriente política dominante en nuestro país. Nada puede pasar, suceder o pensarse de manera distinta del mundo que ellos piensan, de la realidad “inédita” forjada por la cuarta transformación. El complejo y enmarañado mundo mental y político de la 4T se reduce a la negación y descalificación permanente, repetitiva, de todo lo distinto a ellos.
En lo anterior se forja la construcción autocrática. La contracción de la convivencia plural que se ha ido construyendo sobre las ruinas de las reglas e instituciones forjadas en nuestra travesía democrática, pluralidad que incluso dio la oportunidad al arribo de ellos, de quienes hoy desde el poder, se asumen capaces de romper, con su apuesta intolerante, con todo aquello que se fue edificando en los últimos 50 años. Fueron logros que paso a paso le significaban a nuestro país el establecimiento de un entramado para el reconocimiento de los derechos civiles fundamentales y la garantía estructural de la separación y el equilibrio entre poderes.
Ese entramado institucional de nuestro país ha sido atacado desde el poder, derruido hasta desaparecerlo o cambiarlo a modo. Ahora no se aspira al equilibrio entre poderes, a la contención, a los controles en la función pública. En los tiempos que corren se comparte la visión demoledora que Trump ha verbalizado: los límites son ellos mismos, su moral y su mente. No hay norma o ley a la que deban obedecer, sino solamente al curso de su visión de mayor beneficio.
El espíritu fascistoide que recorre el mundo, está presente en nuestra clase gobernante, por ello es que ante cualquier controversia o error “inexplicable”, los cuatroteros tienen bien ensayada su evasión, gritando “al ladrón, al ladrón”, culpando de todo a “la derecha conservadora y antipatriota”, que son todos aquellos que no están entre sus seguidores. Así se pretende enmascarar una realidad que los muestra desnudos en el pasillo de la destrucción democrática, de la simulación y de la imposición soberbia de recrearse como únicos interlocutores del pueblo, un pueblo que resulta ser, por casualidad, que solo ellos representan.
Mirar y escuchar los esfuerzos que en cadena nacional hace la presidenta para que haya más conciertos de un grupo musical coreano, incluida la personal gestión “diplomática” ante el primer ministro surcoreano para lograrlo en el menor tiempo posible es, por lo menos, sorprendente. Incómodamente cómico si no fuera tan trágico por injusto e indignante, cuando no le pone tanto empeño en atender o enfrentar las tragedias del día, como la masacre de más de 11 personas en un campo de futbol en Guanajuato. Es pasmosa la insensibilidad ante el hecho.
Encubierta en la postura de buena onda de la solicitud para que las y los jóvenes mexicanos se diviertan, resulta ofensiva cuando se pasa de largo también sobre la información y la rendición de cuentas sobre las desapariciones que se sufren diariamente y que en el mayor porcentaje afectan a jóvenes en nuestro país.
La incongruencia o el cinismo, además de la simulación, son sellos que marcan los tiempos de la referida transformación. Las mentiras son las permanentes compañeras de un viaje donde se establece el “segundo piso” que se sostiene sobre pies de barro que crujen ante el conocimiento social de hechos de corruptelas y arbitrariedades. La realidad les revienta en la cara a los discursos que no se sostienen. Otro ejemplo es el caso de la “suprema corte del pueblo” que ahora hipócritamente devuelve las camionetas blindadas adquiridas y justificadas desde el atril presidencial, avalando y queriendo ocultar con ello sus alcances muy distantes de las togas y los sahumerios de austeridad y cercanía con los que menos tienen.
Soplan vientos complejos que, sin embargo, no se reconocen en la plenitud que ubique nuevas formas de entenderlos, porque la polarización, la descalificación y la intolerancia a los distintos, no son amainados desde los gobiernos y la clase política hegemónica, por el contrario, el discurso se endurece, la impunidad domina y tras ello un país que ante el asedio exterior, es atendido desde una cabeza fría que está también acorralada por las contradicciones y redes internas que aparentemente le dan poca capacidad de maniobra. Paradójicamente, esta presidencia tiene una enorme capacidad de “control” institucional y de los poderes, nunca vista en el México de los últimos años, y sin embargo no puede o no quiere moverse fuera de una visión que cada vez queda más demostrado dista de estar a la altura de los retos que tenemos.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA.
La decisión “soberana” de México y PEMEX parece que colapsará a Cuba.
X: @mquim1962