Quebradero

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Un futuro y una reforma, predecibles

 

Por Javier Solórzano Zinser

Es singular la manera en que el Gobierno ve a la oposición: o le da una enorme relevancia para no dejarla de tener para el imaginario colectivo de sus furibundos militantes, o la menosprecia, no la considera y se mofa de ella.

Es lo que hacía López Obrador. La calificaba y señalaba lo que fue creando la idea de que había que deshacerse de ella por encima de cualquier concepción democrática.

El expresidente colocó también en la mira a los periodistas. Los consideraba parte de la oposición lo que le permitía atacar a los medios, a los que llamaba parte de la mafia del poder, aunque al final se sentara con ellos como parte de su consejo asesor.

De lo que se trataba y trata es de colocar en el imaginario colectivo de los seguidores una especie de fantasma, al cual se puede recurrir, sobre todo, cuando surgían críticas fundadas al proyecto y al Gobierno. Los “otros datos” fueron un mecanismo de evasión que, a pesar de su desgaste, le acabó dando resultado; la Presidenta ha tenido particular cuidado en utilizarlo.

No han cambiado mucho las cosas en el presente sexenio. La Presidenta ofrece matices, pero hay una línea de continuidad con relación a los opositores y en general al pensamiento diferente.

Una cosa es que la oposición esté diluida y por momentos perdida, pero otra muy distinta es que no exista. En las pasadas elecciones obtuvieron un resultado que, a pesar de que sigue siendo definido por el tsunami que empezó en 2018, dentro de la diversidad partidaria le permitió alcanzar 46% del total de los votos.

Todo esto viene a cuento porque las estrategias ante el pensamiento diferente por parte de la 4T se han definido por la cerrazón. Con la forma en que está establecido el Congreso la estrategia se ha extendido, como se ha visto en la aprobación de una gran cantidad de reformas. Seguirá siendo parte de la discusión, si la mayoría se obtuvo de manera legal o torcieron la ley.

Como fuere, Morena y aliados tienen a personajes a los que todo indica colocaron contra la pared, lo que llevó a que se sumaran con singular alegría al oficialismo para ayudarles a conseguir los votos que faltaban, el caso de la Reforma Judicial es patético.

A la oposición le pueden pasar con facilidad por encima. Estamos a nada de ver otro capítulo de esta historia con la reforma electoral. Con su aprobación se va a cerrar el plan de López Obrador que apuntaló el 5 de febrero de 2024.

Las consecuencias de lo que se está gestando son impredecibles y están lejos de que nos puedan beneficiar. Más bien se va perfilando una reforma que desde su origen continúa con la estrategia de los últimos años del menosprecio y señalamiento de la oposición.

Se ha hablado mucho de todo esto, pero no pareciera que exista claridad colectiva de lo que está en juego. Se va a definir el futuro democrático del país sin que se haya establecido una abierta discusión sobre la democracia mexicana.

No existe duda de que el INE tiene que ser revisado, la cuestión es que como hemos venido insistiendo se ha desarrollado un debate aislado en que más que apostar por el destino país con bases democráticas integrales, se está optando por sólo escuchar a los suyos, abriendo sólo por momentos únicamente las puertas para todos.

Desde el principio Pablo Gómez lo dejó claro cuando dijo que el criterio final sería la aritmética, dicho de otra manera, las diferencias a atender están al interior de la comisión y con sus aliados.

El PT y el PVEM no pareciera que estén negociando el sentido de la reforma, más bien están buscando la manera de que no los dejen fuera del pastelote que significa ser parte de la gobernabilidad.

Un futuro y una reforma, predecibles.

RESQUICIOS.

Pocas declaraciones pintan con tanta claridad a Donald Trump. Le dijo al presidente de Noruega, que como ya no le van a dar el Premio Nobel de la Paz ya no está obligado a pensar sólo en la paz.